La UMAG está construyendo las capacidades para poder aportar a la prevención de los efectos de eventos sísmicos en la región. Hoy cuenta con la tecnología necesaria para realizar la primera microzonificación sísmica de Punta Arenas, pero su ejecución depende de financiamiento. El estudio podría revelar zonas con alto riesgo de licuefacción, donde un sismo convertiría el suelo en un material inestable capaz de comprometer viviendas e infraestructura.
Recientemente, gaceta Polo dio a conocer una investigación que se ha estado realizando desde fines de la década pasada, por parte del Departamento de Geología de la Universidad de Chile, según la cual el sistema de fallas de Magallanes reveló una velocidad de desplazamiento mayor a la estimada. Esto refuerza su peligrosidad sísmica, pues se calcula que los movimientos podrían alcanzar magnitudes cercanas a 8 grados, con epicentros a poca profundidad.

Ante esta publicación, nos preguntamos por la ausencia de estudios específicos que permitan anticipar el comportamiento de los suelos habitados de la región, frente a un evento sísmico. En ese contexto, investigadores de la Universidad de Magallanes (UMAG) informaron que la región cuenta, por primera vez, con la posibilidad técnica de desarrollar estudios de microzonificación sísmica, una herramienta esencial para identificar zonas vulnerables y evaluar riesgos como la licuefacción de los suelos.
Esta oportunidad se abrió a inicios de este año, tras la puesta en marcha en la UMAG de un equipo triaxial dinámico, uno de los dos que existen en Chile. Este instrumento de alta precisión simula condiciones reales de esfuerzo en suelos, y complementa sus datos con otros equipos, como un geófono triaxial y un refractor de microtremores de 24 canales, un penetrómetro automático (PANDA), un Dynamic Probe Heavy Duty (DPSH) y un geodrón para georreferenciar los estudios.
Estos dispositivos permitirían caracterizar el comportamiento mecánico de los suelos magallánicos tanto en condiciones estáticas como bajo solicitaciones dinámicas, siempre que exista financiamiento para ejecutar campañas de medición en terreno.
Licuefacción: el riesgo invisible bajo Punta Arenas

Uno de los riesgos más serios que quieren abordar los investigadores y académicos del Departamento de Ingeniería en Construcción, Jorge Villarroel y Berta Vivar, es la licuefacción de los suelos arenosos en Punta Arenas. Este fenómeno ocurre cuando, durante un sismo, un suelo saturado pierde súbitamente su capacidad portante y se comporta como un fluido, comprometiendo la estabilidad de edificaciones e infraestructura.
“Las predicciones dicen que debería haber un sismo a fines de este siglo o inicios del próximo, y que habrá zonas donde se va a producir licuefacción o se va a desestabilizar el suelo, provocando grandes deformaciones. Se sabe pero no se ha hecho nada al respecto”, advierte Vivar, subrayando que las medidas actuales son sólo “de remediación” frente a un problema cuya magnitud aún no se dimensiona.
El Dr. Villarroel coincide en que la información disponible es insuficiente. “Nadie sabe cómo es el comportamiento dinámico de las arenas de Punta Arenas. Se ha construido todo sin tener la información suficiente como para decir qué va a pasar en un sismo”. Según explica, aunque la normativa chilena exige desde hace poco la evaluación de la resistencia al corte y el ángulo de fricción de los suelos, no contempla el análisis dinámico, clave para entender su comportamiento real ante este tipo de movimientos.
Microzonificación: una herramienta para anticiparse

La posibilidad de caracterizar el comportamiento dinámico de los suelos se apoya en la combinación de tres tecnologías: un geófono triaxial con refractor de microtremores, que permite calcular el periodo fundamental del suelo y la velocidad de onda de corte a 30 metros; un penetrómetro automático PANDA, que mide la resistencia de punta, y un geodrón, que localiza con precisión los puntos de ensayo.
“Si hacemos muchos ensayos en distintos sectores de la ciudad, podríamos mapificar cuál es el periodo fundamental del suelo en cada lugar y, con eso, identificar zonas vulnerables”, explica Villarroel. “Con esos datos, sumados a inteligencia artificial, podemos construir un gemelo digital de Punta Arenas y simular cómo respondería la ciudad en un evento sísmico”.
Para la UMAG, la microzonificación permitiría reconocer áreas especialmente sensibles, como laderas, taludes y terrenos de relleno heterogéneo. “En Punta Arenas se construyó en algunos sectores sobre voladeros, sin conocer el tipo de suelo bajo la capa estructural. Hubo un caso emblemático: el Pueblo Hundido, que cedió porque la capacidad portante del terreno no era suficiente”, recuerda Villarroel.
Un desafío que exige financiamiento

Aunque la UMAG ya dispone del equipamiento, su aplicación requiere de campañas de medición sistemáticas, costosas por la especialización técnica necesaria y el alto valor de operación. “Somos los únicos en la región con esta capacidad, pero investigar la geotecnia magallánica es caro y muy técnico. Un solo ensayo puede costar alrededor de 30 UF, considerando el uso del equipo y del operador”, señala Villarroel.
Para costear parte de esta labor, el equipo ha postulado a diversos fondos que les han permitido adquirir equipamiento, y están postulando a otros más. El objetivo final, según Vivar, es aportar información que sirva a la planificación urbana y a la protección de la comunidad. “Queremos aportar nuestro granito de arena, para saber, por ejemplo, cómo se comportarían los taludes en la costanera, o qué pasaría con los aerogeneradores en caso de un sismo”.
La existencia de un estudio preliminar
El año 2024, en la 17ª Conferencia Panamericana de Mecánica de Suelos e Ingeniería Geotécnica y la 2ª Conferencia Regional Latinoamericana de la Asociación Internacional de Geología de Ingeniería y Medio Ambiente (IAEG), se presentó una propuesta de microzonificación sísmica para la ciudad de Punta Arenas, elaborada por los ingenieros civiles e la empresa Geotecnia Patagonia Ltda., Pablo Villarroel, Francisco Nocera y Ramón Carrasco.
Los autores evaluaron el riesgo de licuefacción del suelo y la clasificación sísmica, a través de mediciones de velocidad de onda de corte (Vs30) y pruebas de Nakamura, correlacionándolas con la profundidad de la roca y los estándares sísmicos chilenos. Si bien su informe declara que “esta clasificación debe considerarse como preliminar, y además se debe contrastar con los resultados de las prospecciones mínimas que determina la normativa vigente”, este trabajo identificó zonas extensas en Punta Arenas (como Punta Arenosa y la desembocadura del Río de Las Minas) con suelos potencialmente licuables y orgánicos, clasificándolos como Suelo Tipo F según la normativa chilena. También advierte sobre las consecuencias para la infraestructura crítica en estos sectores.
