El invierno y la pérdida de fuerza son algunos de los factores que están configurando una agenda científica propia de la Universidad de Magallanes, para estudiar el envejecimiento. El Grupo NIMACh es un puntal en esta estructura de investigación que, al obtener resultados y abrir nuevas preguntas, propone enfoques para mejorar la calidad de vida de quienes habitamos el sur del sur.

 

¿Envejecemos de la misma forma en cada punto del planeta? ¿Qué tan diferente es la vejez en Magallanes? Preguntas como éstas se está haciendo el Grupo de Investigación en Neurofisiología Integrativa Molecular Austral Chilena (NIMACh) de la Universidad de Magallanes (UMAG), que recientemente realizó un seminario-workshop para compartir sus principales hallazgos en neurofisiología y envejecimiento austral, en el Campus Asistencial Docente e Investigación (CADI-UMAG).

La discusión parte de una característica geográfica: Magallanes combina altas latitudes, una marcada variación estacional de las horas de luz, períodos invernales prolongados, bajas temperaturas y aislamiento, con una población que atraviesa un proceso sostenido de envejecimiento. A juicio del vicerrector de Investigación, Innovación y Posgrado de la UMAG, Dr. Máximo Frangopulos, “tenemos que identificar esas diferencias, medirlas, contrastarlas, y determinar cuáles responden, efectivamente, a las condiciones ambientales, biológicas y sociales que tenemos particularmente en esta región”.

El director del CADI-UMAG, Sergio Cares, situó las investigaciones realizadas dentro de un esfuerzo interdisciplinario. “Este trabajo de comunicación y de comunidad entre distintas unidades, distintas disciplinas, que están enfocadas en un trabajo interdisciplinario” es, según explicó, parte de lo que este campus busca fortalecer en torno al envejecimiento.

Lo anterior es especialmente significativo en una región donde, según los antecedentes presentados por el director del Grupo NIMACh, Dr. Cristian Núñez, actualmente viven 34.388 personas mayores; el 21% de ellas reside en hogares unipersonales, y hay 87 personas mayores por cada 100 niños menores de 15 años. A su juicio, “no somos iguales que otras regiones, por lo tanto, la salud de las personas mayores no se da al azar. Pertenece a un lugar, a su historia, a su clima, sus redes y su biología. También tiene que ver la historia”.

La huella cerebral del invierno 

Hay una proteína que actúa como un “fertilizante” para el crecimiento natural de las células nerviosas en el cerebro y el cuerpo. Ayuda a que las neuronas crezcan; se mantengan vivas, y formen nuevas conexiones. Su nombre es Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF por su sigla en inglés), y el kinesiólogo del grupo NIMACh, Matías Castillo, ha estado estudiando su función neuroprotectora en el contexto austral.

“El invierno no es solamente el telón de fondo; es el condicionante de la salud cerebral de las personas mayores”, dijo durante su intervención. Según sus mediciones, es un factor de vulnerabilidad, pues esta proteína muestra una marcada disminución de sus niveles después del invierno, independientemente del nivel de actividad física, de la edad y del sexo de las personas estudiadas. 

¿Por qué ocurre este fenómeno? “De momento, aquí territorialmente hablando, es algo nuevo, que no se sabe y, por supuesto, seguimos haciendo investigación para poder dilucidar más información al respecto. Cada hallazgo siempre ofrece la oportunidad de diseñar y evaluar soluciones pertinentes para nuestro territorio”, afirmó Castillo. Se trata de estudios fundamentales, pues el BDNF es clave para que el cerebro se adapte a nuevas experiencias y se recupere del estrés; para regular el metabolismo y proteger las células, y para el aprendizaje y la formación de recuerdos.

Músculos sin fuerza

Otra de las diferencias observadas aparece en la función muscular. En su exposición, el kinesiólogo Diego Mabe presentó resultados obtenidos a partir del seguimiento de cerca de 70 personas mayores de la región. En un período de un año, la fuerza o capacidad manual para ejecutar la acción de tomar, agarrar o sujetar objetos (prensión), disminuyó aproximadamente dos kilos, equivalente a cerca de un 8% de la fuerza promedio de las personas evaluadas.

El dato adquiere mayor relevancia al compararlo con cohortes europeas mencionadas por Mabe, en las cuales se registran pérdidas cercanas a 0,5 kilos anuales, es decir, la velocidad observada en la muestra magallánica sería aproximadamente tres veces mayor. Y, contrario a lo que podría pensarse, el investigador observó que las personas participantes mantuvieron su masa muscular durante ese período y, pese a ello, perdieron fuerza.

“Entonces, ¿qué puede estar pasando? La función muscular puede deteriorarse antes que la estructura muscular”, explicó el kinesiólogo. De este modo, la fuerza de prensión aparece como una medida que podría entregar información antes de que el deterioro sea visible a través de la masa muscular, y podría aportar asociaciones con distintos desenlaces de salud y con la autonomía para realizar actividades cotidianas.

Según el investigador, “el objetivo de la gerociencia” —disciplina científica interdisciplinaria que estudia la relación entre la biología del envejecimiento y las enfermedades crónicas asociadas a la vejez— “no es sólo extender la vida, sino tratar de mantenernos el mayor tiempo posible en la etapa de independencia”.

Ciencia territorial

Dr. Cristian Núñez y Dr. Roberto Uribe

Los parámetros médicos y de salud globales no siempre representan la realidad local, lo que exige formular preguntas científicas con pertinencia territorial para fomentar la prevención y mantener la autonomía de los mayores. A través de su investigación, el grupo NIMACh busca conectar la salud mental, la biología y el territorio, para evitar que los costos del envejecimiento se paguen en dependencia, cuidados u hospitalizaciones tardías.

“Son datos regionales que estamos exportando y evidenciando al mundo”, valoró Núñez. Sin embargo, el perfil diferencial de las personas mayores de Magallanes todavía no constituye una fotografía cerrada. Antes de atribuir las diferencias exclusivamente a las condiciones australes, se debe medir, contrastar y ampliar los resultados.

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