La Dra. Paloma Cariñanos, experta internacional de la Universidad de Granada, lidera en la UMAG la puesta en marcha del proyecto AERIS. La iniciativa monitorea polen y esporas en una zona clave, donde la ciencia aún tiene grandes vacíos de información. En un mundo donde las enfermedades alérgicas ya afectan a cerca del 30% de la población global, la ciencia en la Patagonia se vuelve una pieza clave del rompecabezas, reafirmando su vocación de región centinela.

Los Coloquios Interdisciplinarios de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Magallanes (UMAG), siguen su curso. La última charla estuvo a cargo de una de las voces más autorizadas en el estudio de la atmósfera biológica.
La Dra. Paloma Cariñanos, académica del Departamento de Botánica de la Universidad de Granada, España, presentó los alcances del proyecto AERIS, una iniciativa que busca identificar las fuentes de bioaerosoles en la Patagonia chilena, territorio definido como estratégico para entender la interconexión entre el medio ambiente y la salud pública.
La amenaza invisible
La ciudadanía en general, suele asociar la contaminación atmosférica a gases industriales o material particulado de origen mineral. Sin embargo, la ciencia ha revelado una realidad más compleja: se estima que, aproximadamente, el 25% de la contaminación atmosférica consiste en partículas de origen biológico. Son conocidas como bioaerosoles, e incluyen bacterias, virus, granos de polen y, de manera muy significativa, esporas de hongos.
La Dra. Cariñanos, quien recientemente co-lideró una exhaustiva revisión sistemática sobre el tema, aportó datos contundentes sobre el impacto de estas partículas en la población. Según sus investigaciones, entre el 19% y el 45% de las personas con alergias, y hasta el 80% de los pacientes asmáticos, se ven afectados por la presencia de bioaerosoles en el aire. El 77% de los estudios científicos a nivel mundial confirman que existe una relación directa entre la concentración de esporas y la aparición de síntomas respiratorios, lo que convierte al monitoreo atmosférico en una herramienta de prevención clínica vital.

Al respecto, la investigadora fue enfática durante su intervención en la UMAG. “Los bioaerosoles son partículas muy pequeñas que se quedan transportadas por la atmósfera, pero que tienen origen biológico. Mi línea de investigación principal relaciona esa presencia con el impacto que tiene sobre la salud de las personas, porque muchos desarrollan reacciones adversas y sintomatología alérgica”.
Patagonia: un escenario único

La elección de la Patagonia para el proyecto AERIS no es casual. Mientras que la mayoría de los estudios sobre bioaerosoles se concentran en Europa y Norteamérica, existen grandes vacíos de información en el Hemisferio Sur, especialmente en zonas australes. La Patagonia representa lo que los científicos denominan una “atmósfera prístina”, un entorno tan puro que permite actuar como un laboratorio de referencia mundial.
“La Patagonia representa un escenario único por sus propias condiciones, por su ubicación y por todo lo que nos puede descifrar en cuanto a algunos de los patrones de circulación atmosférica”, destacó Cariñanos durante el coloquio. La investigadora explicó que, debido al régimen de vientos y la dinámica atmosférica de la zona, es posible detectar no sólo las emisiones locales de la vegetación nativa, sino también partículas que viajan distancias asombrosas, provenientes incluso del Amazonas o a través de rutas transatlánticas y transpacíficas.
Del polen al cambio climático
El estudio de los bioaerosoles en la región tiene aplicaciones que van mucho más allá de la alergología. El polen y las esporas funcionan como sensores naturales del cambio climático. Al ser partículas que las plantas emiten bajo condiciones ambientales específicas, cualquier variación en los registros permanentes y continuos, ofrece información crítica sobre cómo la flora local está respondiendo al estrés climático.
No obstante, el desafío es mayúsculo. “No sabemos nada todavía de los bioaerosoles a nivel local. Se han hecho algunos estudios de transporte hacia la Antártica, pero no ha habido un estudio que sea continuo, y que permita tener una información de base”, advirtió la Dra. Cariñanos.
Por ello, el proyecto AERIS busca instalar equipos de monitoreo volumétrico tipo Hirst, el estándar internacional que permite succionar aire y capturar partículas sobre una cinta adhesiva montada en un tambor giratorio, para su identificación taxonómica precisa mediante microscopía. Esto permite obtener datos locales continuos.
Un enfoque multidisciplinario para el futuro

El éxito de esta ambiciosa línea de investigación depende de la colaboración, que hasta ahora ha llevado adelante con el Laboratorio de Ciencias Atmosféricas de la UMAG. La Dra. Cariñanos resaltó el potencial de todos los investigadores de la institución, quienes ya poseen experiencia en áreas como el polen fósil, la física de aerosoles y el conocimiento de la flora territorial, a través del herbario y el jardín botánico.
La propuesta final de la experta es la creación de un grupo de trabajo multidisciplinar que integre a especialistas en biología, física, medicina y farmacia. Este enfoque integral es el que ha permitido en otros países establecer “umbrales clínicos” —niveles de concentración a partir de los cuales se disparan las alertas sanitarias— para géneros de hongos altamente alergénicos como Alternaria y Cladosporium.


