El Dr. Pinliang Dong, experto en teledetección y sistemas de información geográfica, explica cómo el paso de la fotografía 2D a los mapas tridimensionales permite medir desde el retroceso de los glaciares con precisión milimétrica, hasta el carbono “oculto” en los bosques más densos.
La tecnología LIDAR está revolucionando la ecología. El Dr. Pinliang Dong, director del Departamento de Geografía y Medio Ambiente de la Universidad de North Texas, y experto en Sistemas de Información Geográfica (GIS), lo confirmó en la IV Conferencia Internacional del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), realizada en Puerto Williams en mayo de 2026.
En dicha oportunidad, la comunidad científica se reunió para discutir los desafíos de los “centinelas” del cambio climático, y la presentación de Dong amplió el espectro de esta capacidad de predicción hacia la tecnología. Su charla, titulada “Una visión general de la teledetección LIDAR y sus aplicaciones”, no solo mostró el avance de la ingeniería, sino que abrió una ventana al futuro de la conservación ambiental.
El Dr. Dong es un reconocido académico, que asesora investigaciones avanzadas, incluyendo el mapeo de vegetación con datos hiperespectrales de la NASA y el desarrollo de kits de herramientas GIS para el seguimiento de fauna silvestre. Pero, ¿qué hace que esta tecnología sea tan especial frente a las imágenes satelitales que conocemos?
Más allá de la superficie: el poder del 3D

La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a la “sensación remota pasiva”, que utiliza la iluminación solar reflejada para capturar imágenes, muy parecido a una fotografía convencional. El LIDAR (Light Detection and Ranging) funciona de forma distinta. “Con la sensación remota activa, enviamos energía a los objetivos, y recibimos reflejos o energía retrodispersada”, explica el Dr. Dong.
Esta capacidad de emitir su propio haz de luz permite que el LIDAR alcance precisiones asombrosas, que varían entre los 2,5 y 10 centímetros, e incluso niveles milimétricos si se opera desde drones o plataformas terrestres. Para el Dr. Dong, el avance crítico reside en la profundidad. “Con imágenes satelitales sólo podemos obtener información bidimensional sobre los árboles. Tal vez vemos la superficie, pero usando LIDAR podemos obtener puntos dentro del árbol y ver su estructura vertical: plantas, hojas, ramas”.

Esta “radiografía” del bosque permite calcular con exactitud productos biofísicos como la biomasa o el DBH (diámetro a la altura del pecho), una medida estándar en el estudio forestal que antes requería que los científicos abrazaran literalmente cada árbol para medirlo.
El alcance de los satélites
Uno de los problemas más persistentes en la medición del carbono es la saturación. Cuando un bosque es extremadamente denso, los satélites ópticos tradicionales dejan de notar la diferencia; para ellos, un bosque muy denso y uno moderadamente denso se ven iguales.

Según el Dr. Dong, el LIDAR rompe este límite. “Llamamos a eso resolver el problema de la saturación, para dar más detalles a la biomasa de la vegetación. Esa es la única contribución del LIDAR”. Al “ver” a través de las capas de hojas, las naciones pueden diseñar estrategias de conservación mucho más precisas para mitigar emisiones de gases agrícolas y forestales.
La predicción milimétrica que ofrece esta tecnología, no sólo se aplica a los bosques. En el contexto del cambio climático, el monitoreo del agua dulce es vital. Utilizando sistemas como el satélite ICESat-2 de la NASA, las y los científicos pueden monitorear cambios en la superficie de los glaciares con una precisión de 4 milímetros por año.

“Los glaciares están retrocediendo… pero con LIDAR no sólo medimos distancias, sino que también podemos calcular los cambios volumétricos. Si sabemos el volumen de hielo perdido, podemos convertirlo en agua”. Esta capacidad de convertir “hielo en agua” mediante datos, permite predecir la disponibilidad hídrica futura para las poblaciones humanas.
Asimismo, en zonas costeras, el LIDAR permite “remover” virtualmente la vegetación de los mapas para revelar la estructura del suelo, ayudando a prever deslizamientos de tierra. Al generar mapas topográficos de gran detalle (denominados de 2,5 dimensiones), se pueden modelar riesgos basados en la pendiente, la precipitación y la temporada.
A futuro, ¿ciencia ciudadana con láser?
A pesar de su enorme potencial, el LIDAR sigue siendo una tecnología relativamente cara, dominada por grandes potencias como Estados Unidos, China y Europa. Sin embargo, el Dr. Dong es optimista respecto a la democratización de estas herramientas. Aunque hoy usamos drones con múltiples sensores (cámaras térmicas, LIDAR, etc.), el próximo paso es la integración con la Inteligencia Artificial Espacial (GIA).

El experto reconoce que existen desafíos, especialmente en regiones como Magallanes, donde “la velocidad del viento puede ser muy alta, lo que hace que volar drones sea difícil o desafiante”. Aun así, su visión apunta a una colaboración global. “Espero que más gente pueda involucrarse en este proceso de recolección de datos. Deberíamos fomentar conversaciones entre políticos, científicos, ingenieros y el público en general”, afirma.
El paso del Dr. Dong por la conferencia del CHIC deja claro que para proteger ecosistemas frágiles como los de la Antártica o los Andes, ya no basta con mirar desde lejos. Es necesario penetrar en la estructura misma de la naturaleza, utilizando cada haz de luz para entender —y salvar— nuestro hogar.
