La estudiante de Biología Marina de la UMAG, Gabriela Ovando Ojeda, defendió su tesis tras investigar mecanismos de captación de carbono en la Antártica. Viajó hasta el continente blanco para estudiar cómo las rodófitas reaccionan a la oscuridad. Su trabajo aporta nuevos datos frente al cambio climático, y fue desarrollado en el contexto de una colaboración entre la UMAG y la Universidad de Los Lagos.

Gabriela Ovando Ojeda se subió a una nave rumbo a la Antártica en enero de 2024. Era estudiante de Biología Marina en la Universidad de Magallanes, y llevaba una misión clara: recolectar algas rojas —también llamadas rodófitas— y estudiarlas en el laboratorio de la base profesor Julio Escudero del Instituto Antártico Chileno (INACH), para responder una pregunta que aún no tenía una buena respuesta científica: ¿cómo se comportan los mecanismos de captación de carbono de estas algas en condiciones de oscuridad total?
Hoy ya es una profesional titulada, pues defendió con éxito su tesis titulada “Efectos de la luz sobre las estrategias de captación de carbono inorgánico en Rodófitas antárticas”. Una investigación que, aunque forma parte de su proceso de titulación, también se inscribe en una pregunta mayor: cómo afecta el cambio climático a los ecosistemas del extremo sur del planeta.
“Actualmente hay estudios sobre estos mecanismos en relación al aumento del CO₂”, explicó Gabriela. “Pero para eso, primero hay que entender cómo responden a distintas condiciones ambientales. Por eso quise investigar qué ocurre con los mecanismos de concentración de Carbono cuando las algas están en completa oscuridad, ya que la luz actúa como un factor regulador de estos mecanismos, y en la Antártica hay largos periodos sin luz solar”.
La Antártica como sumidero o capturador de carbono

Gabriela también llevó sus muestras a Puerto Montt, donde realizó su práctica profesional. Durante su experimento en laboratorio, evaluó cuatro especies. Los resultados mostraron que tres de ellas seguían usando sus mecanismos de concentración de carbono (CCM) incluso sin luz, lo que sugiere una capacidad adaptativa inesperada frente a condiciones extremas, resultados que abren paso a investigaciones futuras de acidificación oceánica proyectados por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).
“La Antártica funciona como un sumidero de CO₂”, afirma Gabriela. “Por eso es tan importante entender el rol que cumplen las algas en ese sistema. Son fotosintéticas, forman verdaderos bosques submarinos, y albergan mucha vida”.
La investigación se realizó en el marco de una colaboración entre la UMAG y la Universidad de Los Lagos, a través del proyecto nacional RISUE, que articula a nueve universidades estatales para estudiar los impactos del cambio climático en zonas costeras de Chile. Gabriela trabajó bajo la dirección de la Dra. Pamela Fernández Subiabre, del Centro i-Mar, y del Dr. Nelso Navarro Martínez, académico de la Facultad de Ciencias de la UMAG.

“El RISUE nos permite cruzar experiencias entre regiones con ecosistemas parecidos”, señaló Fernández. “Ambas regiones tienen fiordos, presencia de mitilicultura, y fenómenos similares de entrada de agua dulce. Evaluar juntos el impacto del cambio climático es no sólo pertinente, sino necesario”.
El comité evaluador de la tesis estuvo compuesto por el Dr. Pedro Murúa (UACh) y la Dra. Gemita Pizarro (IFOP). Gabriela fue acompañada también por investigadoras e investigadores de la UMAG, entre ellos Bibiana Jara, Claudia Andrade, Cristian Aldea, Orlando Dollenz y Sergio Radic, además de estudiantes del Magíster en Ciencias y Recursos Naturales, Leslie Novoa y Taryn Sepúlveda.
Con esta defensa, Gabriela se suma al grupo de estudiantes que aportan desde el sur austral del mundo a entender los efectos del cambio global desde el detalle microscópico de las algas, conectando ciencia, territorio y colaboración pública.

