En la reciente Conferencia Internacional del CHIC, hubo un espacio para abordar la importancia de la microbiología en la salud planetaria. Con la experiencia y conocimientos adquiridos tanto en su trabajo clínico como en sus investigaciones, Patricio Suazo Soto puso el foco en la interacción entre bacterias y entornos acuáticos, y alertó sobre el peligro que reviste la alteración de comunidades microbianas por el consumo indiscriminado de antibióticos a nivel industrial, especialmente, en la salmonicultura. 

El entendimiento popular de lo que es la salud pública dio un importante vuelco en 2020, cuando todos los continentes debimos enfrentar la pandemia por el COVID 19, y entendimos sin explicaciones lo que era la salud global.

Pero hay otro concepto relativamente nuevo que ha cobrado fuerza en los últimos años, debido a la urgente necesidad de abordar la crisis climática. Deriva de la misma raíz, y está cambiando el paradigma desde la individualidad hacia lo colectivo. Se trata de la salud planetaria, término que asume la interdependencia irreductible que existe entre la salud de la humanidad y la del medio ambiente.

La III Conferencia Internacional del Cape Horn International Center (CHIC), titulada “Filosofías, Educación y Éticas para la Conservación Biocultural”, incluyó un simposio destinado a la Salud Planetaria en su programa. Una de las ponencias que ya difundimos como gaceta, fue “El entorno como clave terapéutica en la salud mental”, del director del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (MIDAP), Alex Behn. En esta ocasión, compartiremos otra interesante conversación, sostenida con el Magíster en Microbiología, Patricio Suazo Soto, a  partir de su charla titulada “Resistencia antimicrobiana planetaria: interconexión entre la salud humana, ambiental y animal”.

La presión invisible de los antibióticos en los ecosistemas acuáticos

Foto: Iván Cabrera. CHIC.

Durante su presentación, el científico Patricio Suazo Soto abordó las consecuencias del uso de antibióticos en la industria salmonera, especialmente, en entornos como la Patagonia, donde la presencia de centros de cultivo en zonas cercanas a áreas silvestres protegidas ha generado controversia.

“Del tema del antibiótico se ha hablado bastante en el último tiempo, pero siempre enfocado en el entorno clínico”, explicó. Sin embargo, aclaró que “en otras disciplinas y lugares también se ocupan antibióticos. Las salmoneras, por ejemplo, los necesitan para proteger a sus salmones de algunas enfermedades. Eso está bien, dentro del marco regulado de la ley, donde se vigila el cumplimiento de ciertas concentraciones mínimas y máximas. El punto es cuando una salmonera aumenta el consumo para disminuir la cantidad de bacterias o algunos efectos que presentan los salmones, pues estos antibióticos modulan las poblaciones bacterianas que están en la comunidad y en el agua”.

Este pulso de antibióticos altera el equilibrio de comunidades bacterianas presentes en ríos y océanos. Frente a ello, Suazo subrayó que “no siempre se piensa en que somos una red comunicada de seres vivos, y que las bacterias también son seres vivos, pero nadie las ve porque son casi invisibles. Y nuestra preocupación radica en ello: en mostrar y visibilizar a estos seres invisibles, que juegan un rol súper importante, porque, de hecho, los seres humanos estamos constituidos por bacterias”. 

Resistencia antimicrobiana 

Desde su experiencia en microbiología clínica y, actualmente, como estudiante del Doctorado en Ciencias Biomédicas de la Universidad de Talca, Suazo ha enfocado su investigación en entender cómo las comunidades microbianas responden a perturbaciones abióticas y antropocéntricas. De hecho, es parte de un grupo de investigadores que participó en la creación del primer biorrepositorio nacional de bacterias multirresistentes disponible para el estudio de la resistencia bacteriana en Chile.

En esta línea, alertó sobre los posibles efectos de la resistencia antimicrobiana que, hoy en día, es una preocupación mundial. “La Organización Mundial de la Salud prevé que, para el año 2050, va a morir la misma cantidad de gente por cáncer que por bacterias resistentes a los antibióticos, porque no vamos a tener cómo matarlas. Y eso, solamente, a causa de su uso indiscriminado. Por eso tenemos que ser responsables, y ocupar la cantidad adecuada, tanto cuando estamos enfermos, como también cuando generamos procesos industriales”.

La evidencia, entonces, permite proyectar una interacción entre bacterias clínicas y ambientales, afirma el científico. “¿Cuándo puede ocurrir esta conversación entre bacterias, en la cual una bacteria del ambiente se hace resistente, o se vuelve más infectiva al recibir material genético de una bacteria clínica? No lo sabemos, pero sabemos que el cambio climático, las perturbaciones indiscriminadas de antibióticos y la no conciencia de la salud del ambiente, nos va a perjudicar también a nosotros”.

Finalmente, Patricio Suazo hizo un llamado amplio a la responsabilidad de todos nosotros. “Y en ese ‘nosotros’ yo trato de incluir a todos: la persona y ser pensante, la gente de la calle, la gente que toma una decisión política, la gente que vota, para que se informen, porque es algo que nos afecta a todos a largo plazo”.

Puedes revivir aquí la presentación, que se inicia a la altura 08:46:30.

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