Autorías: Mg Sc. Marcela Ávila, profesora titular UST, investigadora CHIC. Dr. Andrés Mansilla, profesor titular Umag e investigador CHIC-Lemas.
En Magallanes, la restauración de la población de luga roja (Sarcopeltis skottsbergii), un alga de gran valor ecológico y económico, representa una oportunidad única para avanzar hacia una economía azul sostenible. Sin embargo, para que estas iniciativas trasciendan la investigación y se conviertan en motores de desarrollo, es imprescindible construir puentes entre la academia, el sector privado, el Gobierno y las comunidades locales.
La costa chilena, especialmente en Magallanes, es un tesoro que no hemos sabido apreciar plenamente a diferencia de sociedades como la japonesa. Allá, su relación con la industria del consumo de algas es profunda, arraigada en su cultura, gastronomía y economía, al mismo tiempo que se caracteriza por una integración armónica entre tradición, innovación y sostenibilidad. Las algas marinas, como el nori, wakame, kombu y hijiki, son un pilar fundamental de la dieta y la identidad cultural, consumidas durante siglos en platos tradicionales como sushi, sopas, ensaladas y caldos. Este vínculo se remonta a tiempos antiguos, con registros históricos que datan del siglo VIII, donde el nori ya se mencionaba en documentos legales como un producto valioso.
En tanto, aquí la luga roja ha enfrentado una disminución significativa en su biomasa debido a factores multicausales, como los efectos del cambio climático y su explotación. La buena noticia es que estudios pioneros como el de “Restauración a través del repoblamiento de praderas de la luga roja en la Región de Magallanes y la Antártica chilena para aseguramiento de stocks de biomasa para el sector pesquero artesanal”, financiado por el FONDEF, han demostrado que es posible restaurar estas poblaciones mediante técnicas innovadoras y adaptadas a las condiciones únicas de Magallanes, donde la luga crece a temperaturas de 5-6°C y bajo la sombra de los bosques de huiro.
Estos avances son un hito: tras años de investigación, se ha comprobado que las metodologías de repoblamiento funcionan y con resultados espectaculares, como el crecimiento de miles de lugas juveniles en ensayos recientes a partir del uso de, por ejemplo, adocretos -superficies rugosas que facilitan la fijación de esporas y resisten el oleaje-. De todos modos, el desafío ahora es garantizar la sostenibilidad de estas iniciativas. Porque la investigación por sí sola no basta.
Necesitamos alianzas multiactorales que integren a pescadores artesanales, empresas, gobiernos regionales y organizaciones internacionales como la FAO, que promueve la acuicultura sostenible en América Latina. En este contexto, la Mesa Algas: Una Oportunidad para Chile, impulsada por Proyecta Chile 2050 y la Fundación Encuentros del Futuro, es un espacio estratégico para articular propuestas que combinen investigación, políticas públicas y desarrollo económico.
Así, estamos dibujando una ruta para generar empleo, fortalecer comunidades costeras y posicionar a Chile como líder en la economía azul. Por eso hoy, en el Día Mundial de los Océanos, la restauración de la luga roja en Magallanes nos adelanta un futuro donde la colaboración interdisciplinaria transforme nuestras costas en un referente global de sostenibilidad. Unamos esfuerzos para que este alga, joya de nuestros mares, recupere su esplendor e impulse una economía azul que beneficie a las generaciones presentes y futuras.


