La pintora y escultora magallánica expuso en Puerto Williams, acerca de la retroalimentación que existe entre el arte y la ciencia. A su juicio, las distintas ciencias ayudan a las disciplinas artísticas a encontrar nuevas preguntas y nuevas respuestas para tomar conciencia, mientras que las disciplinas científicas pueden cambiar su forma de investigar.

Paola Vezzani y Karen Luderitz en su exposición. Foto: Iván Cabrera.

La III Conferencia Internacional “Filosofías, Educación y Éticas para la Conservación Biocultural”, fue organizada por el Cape Horn International Center (CHIC), centro basal de excelencia financiado por la Agencia de Innovación y Desarrollo (ANID), a través de un programa que fomenta la investigación asociativa. El evento contempla la realización de conferencias, charlas, simposios y exposiciones de pósters, del 12 al 16 de mayo. 

En la primera jornada, Paola Vezzani y Karen Luderitz expusieron acerca de la relación entre el arte y la ciencia, tema que atraviesa la línea editorial de nuestra gaceta Polo. Conversamos en profundidad con Paola Vezzani González, escultora y pintora puntarenense, integrante Academia Chilena de Bellas Artes que lleva más de una década trabajando en conjunto con el entonces Programa de Conservación Biocultural Subantártica. A continuación, compartimos la entrevista.

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¿Cuál es la relación entre el arte y la ciencia y cómo se benefician mutuamente? 

La relación puede ser muy distinta, tener muchas aristas. Puede ser tan infinita como personas quieran practicarlas. Sin embargo, desde mi punto de vista, el arte y la ciencia se nutren mutuamente porque el arte busca respuestas, busca preguntas, busca entender el mundo y preguntarse por el mundo, que tiene que ver más con la ética, con la filosofía. Y la ciencia busca respuestas tal vez más concretas, pero esta ciencia que es la que se hace con la conservación biocultural en la cabeza, y con fines de conservación y de despertar y alertar conciencias acerca del futuro, también puede nutrirse del arte. Nos podemos nutrir viceversa.

Parte de la exposición Al Sur, montada en el CHIC.

Nosotros, ante la alerta de la ciencia, tomamos conciencia, miramos otros conocimientos, incluso conocimientos ancestrales y generamos preguntas. Hacemos unas miradas que pueden ser más libres, más globales. En ese sentido, como artistas, no tenemos que responder a algo específico más que al pensamiento y a las preguntas que queremos hacer.

Y la ciencia puede encontrar tal vez nuevos atisbos, nuevos giros en esta relación y en esta interacción mutua que el artista descubre, comprende, aprende de la ciencia. Y el científico puede encontrar preguntas, puede nutrir su mirada sobre el mundo para variarla o para, tal vez, cambiar la forma en que se están preguntando, cambiar la forma en que están investigando. Como lo hace Tamara Contador cuando, gracias a su preocupación ética, ella cuida a sus sujetos de estudio que son insectos acuáticos y los devuelve a su lugar. No los maltrata, no los mata, no los lleva y los congela en el taller, sino que estudia su vida y cómo son afectados por los cambios y climas sin hacerles daño.

Entonces, es una visión distinta de la ciencia, con una mirada de ella que tiene una patita en la ética. Entonces, ahí hay un punto de unión también con el arte. Así como Tamara hace esa unión con la ética, la ciencia y el arte, en algún minuto, representados en algunos científicos y artistas pueden tener puntos en común y, sobre todo, si confluyen en un mismo territorio. 

¿Has notado un aumento en el número de personas y colectivos que están trabajando el arte relacionado con el territorio a nivel local? ¿Que hoy hay más conciencia, más acción artística a partir del valor que tiene vivir en la Patagonia Austral? 

Sí. Cuando volví a Punta Arenas en el 2003, no había una preocupación por el territorio. Tal vez Marcela Alcaíno tenía un trabajo que había recuperado esta mirada a las etnias, pero ella misma ha ido modificando después. Y empezó a darse, yo pienso que en forma natural. A mí me tocó mucho tiempo después, estar en el Consejo de la Cultura, e impulsé que esa relación se hiciera más fuerte. Pero no es solamente por ese trabajo, sino que es porque esta región es muy especial, y es muy fácil tener un acercamiento con científicos que cuentan lo que están haciendo. Entonces, hay actividades que se hicieron desde el INACH, hay científicos de la Universidad de Magallanes que han contado lo que hacen, y hay artistas que han estado atentos.

Expo Al Sur. Artistas de Alemania Susanne Ruoff, Tatjana Schuelke y Salah Saouli. De Chile, Karen Luderitz y Paola Vezzani.

Asimismo, hay artistas que tienen una preocupación, por ejemplo, y un amor por la naturaleza, por la biodiversidad, y su proyecto de vida se transforma en una gran obra de arte, que es una locura. Estoy pensando en el Museo de (Historia Natural de) Río Seco, por ejemplo. Eso es extraordinario. Entonces después hay grupos como Liquenlab, que trabajan con residencias y han seguido tirando el hilo del arte, la ciencia, la conexión con el territorio, con mucha fuerza, y ya por mucho tiempo. Entonces en Magallanes, mencioné estos ejemplos, que son los primeros que se me vienen a la cabeza, pero los hay más.

Acá hay una relación más cercana con la naturaleza, con los problemas de vivir en el austro, y también poderse constituir como un faro de luz, por el tipo de relación entre las personas, la naturaleza, y como miramos a las culturas que estaban antes que la cultura occidental, para pensar un mejor futuro, para pensar en un futuro posible. Creo que somos una región privilegiada, y podemos llegar a ser perfectamente con el arte que se produce desde acá, con el pensamiento, la investigación científica, podemos ser una especie de vórtice que pueda transmitir una esperanza para el futuro. Y eso, para mí en lo personal, es un privilegio.


La presentación completa puedes verla aquí.

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