Nuevas investigaciones arqueológicas en Península Valdés, desafían la narrativa tradicional sobre el violento episodio de 1810 que puso fin a la ocupación colonial española, revelando una compleja trama de tensiones y ambigüedades materiales. Al parecer, la historia del fin del Fuerte San José en la provincia argentina de Chubut, es más bien un mito. 

Península Valdés, Argentina. Fuente: equusargentina.com

La Península Valdés es un Área Natural Protegida y Patrimonio Natural de la Humanidad de la UNESCO desde 1999, situada en la provincia de Chubut, Patagonia argentina. Es famosa mundialmente por albergar una gran biodiversidad marina, incluyendo ballenas francas australes, orcas, elefantes y lobos marinos, siendo un sitio clave para la reproducción de estas especies.

a) Localización de los enclaves españoles patagónicos (siglos XVIII-XIX) y (b) detalle con la ubicación de los sitios arqueológicos Fuerte San José y Puesto de la Fuente.

En términos arqueológicos, también tiene una importancia destacada, principalmente, debido a la preservación de ocupaciones indígenas milenarias (desde hace ca. 5000 años AP), y a la presencia de de restos cerámicos, faunísticos y líticos que evidencian el asentamiento de grupos cazadores-recolectores costeros. Pero también a las evidencias de los enclaves coloniales españoles que ocuparon el territorio a finales del siglo XVIII, correspondientes al Fuerte San José y al Puesto de la Fuente.

En agosto de 1810, estos lugares fueron escenario de un evento que la historiografía oficial ha sellado durante siglos como una irrupción o ataque inesperado de indígenas que lo devastaron todo. Sin embargo, la arqueología histórica está empezando a contar una historia diferente, una donde las fronteras entre “aliados” y “enemigos” no eran tan claras como sugieren las crónicas de la época. 

Más allá de la dicotomía de “víctimas y victimarios”

La Dra. Buscaglia lleva más de 20 años estudiando el colonialismo y las relaciones interétnicas en la Patagonia. Fuente: Página 12.

La investigación -liderada por la Dra. en Arqueología e Investigadora Adjunta del CONICET, Silvana Buscaglia- acaba de aparecer en la revista científica de la Universidad de Magallanes (UMAG), Magallania. En ella se propone desestabilizar la lectura binaria que reduce el conflicto a un esquema de indígenas agresores y españoles víctimas. Según la autora, las fuentes coloniales suelen apoyarse en una “lógica dicotómica, etnocéntrica, reduccionista, fatalista y estigmatizante que asocia, automáticamente, lo indígena con la violencia activa, y a lo hispano con la victimización pasiva”.

El estudio sugiere que el registro material debe entenderse desde su propia complejidad. Como señala la publicación, “esta ambigüedad no debe entenderse como una carencia, sino como una característica constitutiva de las relaciones sociales y su dimensión material en escenarios interculturales, en particular, aquéllos de frontera”.

Las huellas del conflicto

A pesar de la magnitud del evento relatado en los documentos, el registro arqueológico es esquivo. Los investigadores han analizado desde proyectiles de plomo y balas de cañón hasta restos óseos, encontrando que “la materialidad asociable a un episodio de violencia es escasa y ambigua y, además, se encuentra fuertemente afectada por procesos de carácter principalmente antrópicos (humanos)”.

Entre los hallazgos más significativos se encuentran 11 artefactos relacionados con armas de fuego, incluyendo balas de cañón, municiones de plomo y “chisperos” de origen francés. También se hicieron análisis de sedimentos en un sector donde, posiblemente, funcionó un almacén de pólvora, confirmando un incendio de baja intensidad, “compatible con un episodio localizado y concordante con la información que se desprende de las fuentes primarias”. Además, en 2022, se reexpusieron restos óseos humanos, con “lesiones compatibles con armas blancas en los restos esqueletales, atribuibles al ejercicio de la violencia interpersonal”.

La hipótesis de la traición

Réplica Capilla del Fuerte de San José o Candelaria.

Uno de los puntos más provocadores de la investigación es la posibilidad de que el ataque no fuera puramente indígena. Existen antecedentes de desertores del fuerte que se integraron a las tolderías y participaron en ataques previos. Buscaglia plantea que “el final del Fuerte San José puede no estar relacionado exclusivamente con el accionar de poblaciones indígenas, sino también con la intervención de traidores del fuerte”.

Esta perspectiva transforma el Fuerte San José: de ser un simple fuerte sitiado, a ser un “espacio social permeado por tensiones, negociaciones y lealtades inestables”. En este sentido, la narrativa del malón podría haber operado como un “mecanismo de producción de alteridad que sobredimensiona la violencia atribuida al ‘otro’ y, de manera simultánea, borra las huellas de la agencia española, cuando ésta pudo haber sido determinante”.

El caso de Península Valdés demuestra que la arqueología no sólo busca objetos, sino que intenta llenar los vacíos y contradicciones de los documentos escritos. Al final del día, la confrontación entre los relatos y la tierra pone en evidencia “la dificultad de determinar con certeza la naturaleza del ataque”, y subraya la necesidad de una mirada que acepte la incertidumbre como parte de la historia.

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