La obra del maestro artesano oriundo de la región de O’Higgins no sólo busca la belleza, sino también la denuncia y la protección de su entorno. Sus réplicas en cobre de las diatomeas y otros organismos acuáticos, son para él testigos silenciosos del estado de la naturaleza.

 

Convertir un organismo microscópico en un artefacto de cobre, es una tarea que requiere miles de golpes precisos. De qué otra manera si no, se lograría la delicada y compleja estructura de un radiolario o una diatomea, organismos tan pequeños que el ojo humano no puede verlos sin ayuda. 

Este tipo de alquimia es la que realiza Juan Carlos Orellana, un maestro artesano que ha decidido que su arte sea el puente entre el laboratorio científico y la comunidad. Con más de 30 años de trayectoria, este oriundo de Coya, en la Región de O’Higgins, vivió un punto de inflexión que cambió su vida: el descubrimiento del mundo microscópico marino. 

Su descubrimiento lo ha llevado a varios escenarios relacionados con las ciencias marinas, como la XXI edición de la Conferencia Internacional sobre Algas Nocivas realizada en Punta Arenas. En esa oportunidad, nos contó que, para él, la artesanía dejó de ser solo la creación de objetos tradicionales para convertirse en una herramienta de educación y conciencia ambiental. “Pienso que la artesanía es mucho más que un objeto bonito, es un relato que hay que hacer a través de las piezas y un motivo para educar y para concientizar”, afirma con convicción.

El salto del microscopio al martillo

El camino de Orellana hacia la ciencia comenzó de la mano de su tío, un zoólogo que pasó 35 años observando la vida detrás de un lente. “Encontré esa idea producto de mi conversación con mi tío que fue científico y me propuso hacer artesanía con lo que él había mirado detrás del microscopio”. Fue él quien le mostró la belleza geométrica de los radiolarios y foraminíferos, instándole a abandonar lo convencional por lo contemporáneo. Este cambio no solo le otorgó una identidad propia, sino que lo llevó a ganar el Sello de Excelencia y el premio Maestro de Artesanos Contemporáneos.

En el marco de la vigésimo primera Conferencia Internacional sobre Algas Nocivas (ICHA 2025) en Punta Arenas, Orellana compartió cómo su proceso creativo se alimenta directamente de la observación científica. Su técnica es heredera de la tradición colonial, un trabajo de “golpe a golpe” que recuerda a los antiguos caldereros gitanos. “Todos los martillos, golpe a golpe. Miles de golpes en una pieza”, explica, resaltando la paciencia y el esfuerzo físico que requiere cada escultura.

El arte como escudo del medio ambiente

La obra de Orellana no sólo busca la belleza, sino también la denuncia y la protección de su entorno. Uno de sus proyectos más significativos, titulado “Otra Mirada”, nació al ver cómo se contaminaba el río Cachapoal en su localidad natal. Allí, comenzó a replicar en cobre las diatomeas presentes en el agua dulce, utilizándolas como testigos silenciosos del estado de la naturaleza.

Sus piezas han llegado incluso a París, pero para él, el impacto más importante ocurre en las escuelas chilenas. En sus exposiciones, los niños ven el cobre, y miran a través de lupas para descubrir a los “bichitos” que inspiraron la obra. “Es una sorpresa total para ellos. Algunos los han marcado y empiezan a preguntar dónde compran el aparatito… porque son nombres extraños para ellos, pero dejan de ser extraños cuando los conocen visualmente”, relata.

Un legado de identidad y ciencia

Hoy, sus piezas están repartidas en universidades y salas de venta de prestigio, como Monte Carmelo en Santiago, donde exhibe sus procesos con protozoos y diatomeas. Orellana invita a otros artesanos a buscar en su interior y expresar lo que les apasiona, ya sea literatura, poesía o, como en su caso, la microbiología.

Al final del día, su trabajo es un recordatorio de que la ciencia y el arte no son mundos opuestos. En sus manos, el cobre deja de ser un mineral extraído de la tierra para convertirse en un relato de vida ancestral que nos invita a mirar con más atención el mundo que no vemos. 

Con sus compañeros artesanos en el encuentro ICHA 2025, Casino Dreams Punta Arenas.

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