La destacada investigadora del CONICET, Dra. Inés Sunesen, advierte sobre la aparición de nuevas especies tóxicas para los peces, la expansión de floraciones nocivas hacia el sur, y la urgente necesidad de una red de colaboración latinoamericana para proteger la salud pública y los ecosistemas marinos.

 

En el contexto de la IV Conferencia Internacional del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), la Dra. Inés Sunesen, una de las mayores referentes de Argentina en el estudio de microalgas marinas, compartió las conclusiones de décadas de investigación que han transformado la comprensión sobre el fitoplancton —conjunto de organismos acuáticos microscópicos que realizan fotosíntesis— en el Atlántico Sudoccidental. 

Con numerosos artículos científicos e informes técnicos realizados para el monitoreo de salud pública y seguridad alimentaria, Sunesen ha liderado el descubrimiento de especies que hoy plantean nuevos desafíos para la industria pesquera y la conservación ambiental.

La estética de lo diminuto

Para la Dra. Sunesen, el estudio de las microalgas comenzó con su fascinación por las diatomeas, algas unicelulares con cubiertas de sílice cuyas formas ornamentadas asemejan delicadas artesanías. “Me fascinan. Me gusta mucho esto de estar en el microscopio mirando, y viendo qué hay, cómo se mueven, qué hacen”, confiesa la investigadora.

Sin embargo, tras esa belleza se esconde una potencial peligrosidad, vital para la seguridad sanitaria. Desde 2007, su labor se ha expandido al monitoreo permanente de la costa bonaerense, incluyendo dinoflagelados y otros flagelados, extenso grupo de microorganismos unicelulares que habitan, principalmente, en océanos y aguas dulces, y que pueden producir toxinas o graves problemas ambientales.

Nuevos invasores y mortandades masivas

Uno de los hitos más recientes y preocupantes en sus investigaciones, es el registro, por primera vez en Argentina, de especies de microalgas como la Fibrocapsa japonica y el complejo Chattonella marina. Estas microalgas son ictiotóxicas, lo que significa que poseen la capacidad de matar peces al afectar sus branquias (ictio = pez).

Saracas en la costa bonaerense en 2015 (Diario El Día).

La Dra. Sunesen vincula directamente estos hallazgos con eventos de mortandad masiva, como el ocurrido en 2015 en la Bahía Samborombón. Aunque oficialmente se atribuyó al aumento de la temperatura del agua, el equipo de Sunesen encontró una presencia inusual de Chattonella. “Para nosotros, una de las causas de las mortandades de esos peces fue la presencia de las Chattonellas, porque era llamativa también la cantidad que vimos”, explica. Investigaciones posteriores han confirmado que estas cepas argentinas presentan una potente actividad tóxica para las células, y producen especies reactivas de oxígeno, lo que explica su letalidad para la fauna piscícola.

Fronteras geográficas y riesgos futuros

Recolección de ostras del Pacifico (Magallana gigas). Foto: CONICET

La Dra. Inés Sunesen investiga, principalmente, el fitoplancton marino en las aguas costeras de la Provincia de Buenos Aires. En la Bahía Anegada, zona clave para la exportación de la ostra japonesa (Magallana gigas), los controles en Bahía San Blas, Los Pocitos y Ría Jabalí son estrictos para asegurar que esta especie introducida para su comercialización, afecte el resto del ecosistema, e impacte el consumo humano.

Sin embargo, su interés se extiende hasta el extremo austral, donde históricamente se han reportado algunas de las concentraciones de toxinas paralizantes más altas del mundo. Sunesen advierte sobre la posible instalación de salmonicultura en el sector de Ushuaia, señalando que el aumento de nutrientes podría disparar nuevas floraciones algales nocivas (FAN). “La probabilidad de que suceda es alta”, advierte sobre el impacto ambiental de estas industrias en un estrecho de aguas confinadas como el Canal Beagle.

Laboratorio donde trabaja la Dra. Sunesen. En la imagen, Protoceratium reticulatum

El desafío de las especies “crípticas”

La identificación de estas amenazas no es sencilla. Sunesen destaca que la ciencia ha tenido que evolucionar desde la mera observación morfológica, hacia la biología molecular para distinguir las llamadas “especies crípticas”, es decir, aquéllas que son difíciles de identificar. Estas son especies que se ven idénticas bajo el microscopio óptico, pero que genéticamente son distintas. Lo más crítico es que algunas pueden ser tóxicas, mientras otras son totalmente inocuas.

“La herramienta molecular te facilita y te hace más rápido todo el proceso de identificación. A veces no te alcanza con la microscopía óptica e, incluso, en muchos casos con la electrónica tampoco”, afirma la doctora. Un ejemplo claro es el género Pseudo-nitzschia, donde de 70 especies conocidas, sólo 29 son reconocidas productoras de toxinas amnésicas. Sus investigaciones recientes han permitido caracterizar toxicológicamente cepas locales de Alexandrium catenella y Protoceratium reticulatum, revelando niveles de toxicidad de moderados a altos.

Hacia una red iberoamericana

La principal conclusión de la Dra. Sunesen tras su paso por la Conferencia Internacional del CHIC, es la urgencia de fortalecer la cooperación regional. Ante la falta de recursos económicos y equipamiento avanzado en muchos laboratorios de Latinoamérica, la creación de una red iberoamericana para el estudio de las FAN es vital.

“Lo que nos sucede en Latinoamérica es que muchas veces no contamos con el instrumental y los conocimientos para hacer todos los trabajos. A veces dicen que no hay que tener plata, hay que tener amigos”, reflexiona con pragmatismo, y con la mirada puesta tanto en entrenar a nuevas generaciones de investigadores, como en compartir metodologías, para que el conocimiento científico avance más rápido que las amenazas que hoy se expanden por nuestras costas, debido al cambio climático y la acción humana.

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