En un escenario marcado por el cambio climático, la presión sobre los ecosistemas costeros y la necesidad de redefinir los modelos productivos, el desarrollo sostenible de las algas emerge como un eje estratégico para el país. Desde la ciencia, el Dr. Andrés Mansilla Muñoz planteó en el Congreso Futuro 2026 que este desafío sólo puede abordarse desde la articulación territorial, la formación de capacidades y una gobernanza que integre a todos los actores.

 

En medio de las transformaciones ambientales que ya impactan a los ecosistemas marinos de Chile —retroceso glacial, alteraciones en los aportes de agua dulce y mayor vulnerabilidad de las zonas costeras— la discusión sobre el futuro del mar dejó de ser una proyección lejana para convertirse en una urgencia concreta. La pregunta ya no es solo cómo producir más, sino cómo hacerlo sin comprometer los sistemas ecológicos que sostienen esa productividad, especialmente en un país con más de 4.000 kilómetros de costa y una fuerte dependencia histórica de sus recursos marinos.

Ese debate fue el eje del panel “Tendencias globales climáticas y demográficas: propuestas desde las costas chilenas”, realizado el 15 de enero de 2026 en la Sala Teatro de Cámara del CEINA, en Santiago, como parte del bloque Futuro del Mar del Congreso Futuro 2026. La instancia reunió a representantes de la ciencia, la gestión pública, la industria y organizaciones de la sociedad civil, con el objetivo de analizar oportunidades y desafíos para una acuicultura diversificada y el desarrollo sostenible de las algas, desde una mirada sistémica que articule conocimiento, producción, conservación y gobernanza.

Entre los panelistas participó el Dr. Andrés Mansilla Muñoz, académico e investigador de la Universidad de Magallanes (UMAG) y del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), y co-coordinador de la Mesa Algas y el Futuro del Mar. Mansilla centró su intervención en la necesidad de construir este proceso desde los territorios y el trabajo conjunto.

“Aquí nadie sobra”: articulación territorial y saberes locales

Al responder sobre las transformaciones que enfrenta la acuicultura y el desarrollo de algas en Chile de cara al 2050, Mansilla comenzó destacando el carácter inédito del trabajo realizado durante un año en la mesa técnica que dio origen a las propuestas discutidas en el panel. “Fue una experiencia pocas veces vista, donde hubo tantos actores de la academia, de la empresa, de la pesca artesanal. Eso nos permitió aprender que los desafíos son muchos, pero que todos son totalmente factibles de sacar adelante”, afirmó.

Desde esa experiencia, el académico subrayó que el principal aprendizaje fue comprender que ningún actor es prescindible. “Lo más importante que aprendimos en este año de reuniones semanales es que aquí nadie sobra. Cuando trabajamos en Magallanes, por ejemplo, fueron los propios pescadores artesanales quienes insistieron en la conservación de los bosques de huiro, y nosotros como científicos los apoyamos. La inquietud vino de ellos, porque ellos ven roles ecológicos que son fundamentales”, explicó.

En ese contexto, Mansilla relató que los pescadores identificaron tempranamente la importancia de los bosques de huiro para la conservación de especies como el erizo y la centolla, una dimensión ecológica que, según indicó, muchas veces no es visualizada por la industria ni priorizada en las decisiones productivas. “A veces los mismos empresarios no lo ven, o nosotros desde la ciencia no tenemos la iniciativa de ir concretando esas acciones. Por eso, todo lo que tiene que ver con conservación y sostenibilidad en escenarios de cambio climático global, tiene que trabajarse en conjunto”, afirmó.

El académico enfatizó que esta articulación debe estar respaldada por políticas públicas coherentes con las necesidades de la sociedad y con la fragilidad de los ecosistemas. “Las políticas de Estado deben ser súper coherentes con lo que la sociedad requiere, pensando en la sostenibilidad en ambientes que son vulnerables”, sostuvo, situando a Magallanes como un territorio donde los efectos del cambio climático ya son evidentes, y demandan respuestas integradas.

Brechas formativas y capacidades inexistentes

Mansilla también profundizó en las brechas estructurales que hoy limitan el desarrollo de una acuicultura de algas a escala país. A su juicio, uno de los principales obstáculos es la falta de articulación histórica entre los distintos sectores, donde cada actor ha tendido a trabajar de forma aislada. “Es la costumbre de lo que ocurre en Chile: cada uno trabaja por separado, y ya vimos que eso no nos lleva a ninguna parte”, señaló.

Desde su experiencia en las mesas de trabajo, describió un escenario fragmentado. “La pesca pensaba de una forma, las autoridades económicas de otra, los científicos tenían otros requerimientos, y cada uno encontraba que su lineamiento era perfecto. Pero cuando empezamos a trabajar en conjunto, vimos que había muchas brechas”. En ese sentido, valoró la propuesta de Proyecta 2050 como un espacio que permite reunir esas miradas, advirtiendo que el desafío no se resuelve solo con la elaboración de documentos o diagnósticos.

Una de las brechas más críticas identificadas por el académico es la inexistencia de formación técnica especializada en cultivo de algas. “Hoy día, ¿quién en Chile tiene el técnico en cultivar algas? ¿Qué universidad, qué CFT o qué liceo técnico profesional forma especialistas en esto?”, cuestionó, indicando que, más allá del cultivo de mitílidos, no existe una oferta formativa sistemática para jóvenes que no seguirán estudios universitarios.

“Entonces, ¿cómo queremos ser un país referente al 2050 en productividad de algas si no tenemos esa conciencia y no generamos capacidades reales?”, planteó, subrayando que esta formación debería estar articulada con los CFT regionales, los gobiernos regionales, las municipalidades, las delegaciones presidenciales y las gobernaciones, para construir capital humano desde los propios territorios.

El académico añadió que avanzar en este camino también requiere aprender de experiencias internacionales y acelerar procesos administrativos que hoy desalientan a las comunidades. “Japón y Corea son ejemplos claros de países que ya no dependen de la materia prima de poblaciones naturales. Podemos establecer convenios de colaboración para no partir de cero y, al mismo tiempo, ver la factibilidad de acelerar los procesos de concesión, para que la gente no desista”, explicó.

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