El cielo de Punta Arenas se iluminó con destellos rojos y fucsia durante la noche de este lunes. Vecinas y vecinos capturaron con asombro el paso de las auroras australes, un fenómeno natural que, aunque frecuente en las zonas polares, raramente se manifiesta con tal intensidad en latitudes medias como la magallánica.

Según explicó el climatólogo Nicolás Butorovic, académico del Instituto de la Patagonia de la Universidad de Magallanes (UMAG), el espectáculo celeste se debió a un evento solar excepcional. “Hubo una eyección de masa coronal del Sol, una especie de explosión en nuestra principal fuente de energía, y eso llega a nosotros a través de un viento solar que transfiere electrones y protones”.
Estas partículas cargadas interactúan con el campo magnético terrestre, concentrándose en los polos. En esta ocasión, la tormenta geomagnética alcanzó una intensidad entre grados 5 y 7, la más alta del año, permitiendo que el fenómeno se extendiera hasta el extremo austral de Sudamérica. “Lo que vemos es la consecuencia de esa intensidad. Por eso pudimos observar las auroras en una latitud media como la nuestra”, precisó Butorovic.

El especialista detalló que el color rojizo observado en el cielo austral se debe a la composición química de la atmósfera local. “En nuestro caso hay abundante oxígeno, ubicado sobre los 300 kilómetros de altura. Esa interacción con la energía solar genera la luz visible de color rojo intenso. En cambio, en el hemisferio norte suele verse verde, porque allá hay predominancia de nitrógeno”.
Aunque las auroras son más comunes en los polos, donde la densidad poblacional es baja, las condiciones de esta tormenta excepcional permitieron que Magallanes viviera una experiencia propia de las bases antárticas. Butorovic añadió que el fenómeno fue monitoreado por agencias internacionales como la NASA y la NOAA, que emiten alertas cuando se producen estos eventos solares.
Para quienes deseen observarlas nuevamente, el climatólogo recomendó alejarse de la contaminación lumínica urbana. “Pueden repetirse hasta cerca de las diez, once de la noche, siempre que el cielo esté despejado. Se ven mejor en sectores rurales, como el kilómetro 30 o 40 al sur de la ciudad”.
Desde esas zonas, algunas personas lograron capturar imágenes espectaculares del firmamento magallánico teñido de luces danzantes, recordando que este territorio austral —único en el mundo por su cercanía al polo sur— sigue siendo un laboratorio natural para comprender los vínculos entre el Sol, la atmósfera y la Tierra.











