En la III Conferencia Internacional del CHIC, la lingüista Catalina Soto Caballero desarrolló una propuesta para ampliar el diálogo sobre la conservación desde la literatura, visibilizando la creación poética como un saber situado, afectivo y territorial.

 

En la III Conferencia Internacional del Centro Cabo de Hornos, Catalina Soto Caballero, licenciada en Lingüística y Literatura por la Universidad de Chile, compartió una perspectiva desde la creación literaria y sus cruces con los saberes ancestrales y la ecología. Desde su experiencia en el mundo del libro y la escritura, Soto se propuso introducir la literatura en las discusiones interdisciplinares sobre conservación biocultural, visibilizando poéticas actuales que, aunque a menudo marginales, participan activamente en la reflexión sobre el territorio.

“Yo quise aportar desde mi área de estudio, desde la literatura, para poder complementar con los conocimientos de la ecología y la biología y los saberes ancestrales. Y un poco mostrar cómo se manifiestan estos saberes en poéticas actuales”, afirmó. La propuesta que llevó a la conferencia, se centró en el concepto de hidropoéticas, una corriente que, según explicó, emerge de un enfoque interdisciplinario, y que encuentra expresiones tanto en la música como en la poesía, el videoarte y las obras híbridas.

Estas creaciones, sostuvo, “encarnan un cuerpo territorio anfibio”, aludiendo a una integración sensible entre el ser de agua y el ser de tierra que habita en cada persona. “Esa transmisión yo creo que es lo esencial de la hidropoética”, afirmó, enfatizando su potencial para conectar con la experiencia afectiva y ecológica del territorio.

Lo que las palabras conservan

En su exposición, Catalina Soto también abordó el actual panorama de la poesía mapuche, destacando la riqueza y diversidad de autorías que escriben, traducen o auto-traducen sus textos, muchas veces en medio de procesos personales y colectivos marcados por la aculturación.

“Hay muchos autores que se auto traducen, como Pukem Inayao, por ejemplo. Pero también hay quienes eligen ser traducidos, como Roxana Miranda o Daniela Catrileo, por ejemplo, que hacen publicaciones bilingües que logran acercar la lengua a la comunidad lectora”.

Soto puso énfasis en la relevancia de estas prácticas en el contexto de revitalización lingüística, pero también en el valor poético y político de la auto-traducción: “Se toman libertades de creación de otro poema en el fondo. (…) No existen las traducciones literales que vayan a ser exactamente igual. (…) Te abre otro mundo del poema”.

Literatura y afectividad en la conversación biocultural

La participación de Soto en el encuentro se fundó en su tesis de grado, en la que propuso una articulación entre literatura, territorio y conservación biocultural. Esta experiencia la llevó a observar la exclusión de las artes en diversas instancias académicas, incluso en aquellas que se declaran transdisciplinarias.

“Hace poco vi una publicación acerca de una nueva australidad para Chile […] incluía ciencias sociales, por ejemplo, economía. No se incluía el estudio de la literatura. No se incluía la crítica del arte, por ejemplo”.

En ese sentido, argumentó que la literatura y las artes no sólo deben estar presentes en las discusiones sobre conservación biocultural, sino que son imprescindibles para una comprensión integral del territorio. “Son aquello que conecta con la gente desde el sentir. Y esa emocionalidad que se ha dejado tan de lado en pos del foco racional del pensamiento, es muy importante rescatarla para poder sentir y pensar con todos estos conocimientos”.

La ciencia también rima

El ecólogo y poeta Ramiro Bustamante, profesor titular y director del Departamento de Ciencias Ecológicas de la Universidad de Chile, participó en la III Conferencia Internacional del CHIC con un taller de Décima Biopoética, una propuesta que une su formación científica con su interés por la poesía. La iniciativa, que surgió a partir de una conversación con el filósofo Ricardo Rozzi, se articuló como una forma de restablecer los lazos históricos entre las ciencias naturales, las artes y la filosofía.

“Nosotros los científicos y los artistas nos hemos separado, pero en el origen, los historiadores naturales como Goethe, Humboldt, eran naturalistas, filósofos y artistas a la vez”, explicó Bustamante. En ese espíritu, eligió trabajar con la décima por su arraigo en la poesía popular y su capacidad para estructurar relatos breves en diez versos. “Tiene una estructura que te permite contar una historia con introducción, desarrollo y conclusión”, señaló, mencionando también la influencia de Violeta Parra en su elección.

Aunque la asistencia fue acotada —seis personas participaron del taller—, el resultado fue inmediato y contundente: “Me bastó media hora de presentación para que los alumnos fueran inmediatamente a hacer su décima”, afirmó. El escritor dejó abierta la posibilidad de replicar la experiencia en otros contextos, subrayando la necesidad de que los científicos “crucen la calle y se metan en el arte”.

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