En el marco del encuentro internacional del IMCG en la Región de Magallanes, el experto Wiktor Kotowski definió a las turberas como reservorios de carbono, y como “condición indispensable” para la vida en la Tierra, debido a que funciona como un archivo vivo que conecta el pasado geológico con el presente.

Del 1 al 9 de diciembre, la Región de Magallanes y la Antártica Chilena se convirtió en el escenario de una expedición científica de relevancia global. El Grupo Internacional para la Conservación de Turberas (IMCG), reunió a especialistas de 14 países para recorrer paisajes de Tierra del Fuego, Punta Arenas y Última Esperanza. El objetivo es promover la conservación de estos ecosistemas que, según los expertos, son piezas clave en el rompecabezas de la evolución terrestre.
En esta instancia conocimos al Prof. Wiktor Kotowski, experto en ecología de humedales de la Universidad de Varsovia y miembro del Comité sobre la Crisis Climática de la Academia Polaca de Ciencias. En conversación con gaceta Polo, afirmó que las turberas son mucho más que humedales; son “los secretos húmedos de Gaia”. A su juicio, estos ecosistemas representan una condición indispensable y una consecuencia inevitable del origen, evolución y persistencia de lo que define como la “Tierra Viva”.
Un regulador atmosférico milenario
La importancia de las turberas se mide en escalas de tiempo que van desde los millones de años hasta el Antropoceno actual. Kotowski destaca que estos paisajes han desempeñado un papel crucial en la regulación de los procesos del sistema atmosférico global, especialmente durante el Holoceno.
A diferencia de lo que ocurre en Europa, donde la mayoría de las turberas han sido drenadas —liberando carbono a una velocidad hasta 30 veces mayor de la que fue secuestrado—, en Chile se conserva casi el 1% de las turberas del mundo en estado natural. “Es un milagro que esto esté sucediendo, y es responsabilidad del pueblo chileno mantenerlo así”, afirma el profesor, subrayando que estas reservas prístinas siguen eliminando carbono de la atmósfera y almacenándolo de forma resiliente.

“Bosques de agua” y transporte hídrico
Uno de los puntos más fascinantes destacados por Kotowski es el rol de las turberas en la hidrología regional. El experto las compara con los bosques de la Amazonia por su capacidad de actuar como fuentes de agua terrestre.
Las turberas tienen el valor fundamental de transportar agua hacia el interior del continente. Al almacenar el recurso y permitir su evaporación, el agua es dirigida por los vientos del oeste hacia las zonas más secas, garantizando incluso la calidad del agua potable en los fiordos. En este sentido, Kotowski advierte sobre la necesidad de proteger no solo el “pompón” (esfagno), sino también las turberas alimentadas por aguas subterráneas (FEN), que suelen ser utilizadas para el pastoreo y son vitales para el microclima regional.

Más allá de su función biológica, Kotowski resalta el valor espiritual y arqueológico de estos ecosistemas. Las turberas funcionan como archivos paleoecológicos que almacenan información climática y materia orgánica de hace miles de años.
“Cuando haces un pequeño agujero en las turberas y lo tomas con fuerza, puedes ver, sentir y tocar el pasado. Aquí el pasado no es pasado”, explica con mística el investigador. Esta capacidad de preservación orgánica permite conectar a las comunidades actuales con el patrimonio cultural de los pueblos originarios, registrando una época en la que los seres humanos y la naturaleza vivían en armonía.
Desafíos y resiliencia
El encuentro, que contó con la colaboración de instituciones como la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (Argentina), la Universidad de Magallanes (UMAG), el Centro Cabo de Hornos (CHIC), el Instituto Milenio BASE y WCS Chile, también abordó temas complejos como las especies invasoras. Kotowski sostiene una visión adaptativa: aunque los castores han alterado el paisaje, las turberas demuestran una capacidad asombrosa para adaptarse y “rejuvenecer” en escalas de tiempo largas.
El mensaje final del simposio es de urgencia y esperanza. Chile ha dado pasos importantes, como la prohibición de la extracción de turba, pero el desafío persiste. La misión del grupo internacional es clara: fortalecer la conservación a nivel mundial mediante la cooperación local, protegiendo estos paisajes que, tras metros de profundidad, guardan el registro de nuestra propia supervivencia como especie.
