Esta investigación cruza entrevistas, registros arqueológicos y referencias geográficas, mostrando distintas estrategias de movilidad, subsistencia y continuidad cultural frente al avance del Estado y la expansión de las estancias patagónicas en Santa Cruz, Argentina. A través de sus testimonios, estas mujeres permiten reconstruir cómo sus familias enfrentaron los cambios territoriales y sociales de las primeras décadas del siglo XX, y aportan la visión femenina en un relato histórico masculinizado.
Las historias de Pati Chapalala y Luisa Pascual permiten acercarse a un período de profundas transformaciones para las familias originarias que habitaron la estepa de la Patagonia. Ambas eran parte del pueblo nómada terrestre Aónikenk —término que, en su propia lengua, significa “sureño”— y sus trayectorias muestran distintas maneras de reorganizar la vida frente al avance del Estado nacional y la expansión de las estancias ovejeras en el Cono Sur austral.

Pati y Luisa vivieron en la provincia de Santa Cruz, Argentina. Sus testimonios, registrados por las investigadoras Annette Aguerre y Celia Priegue, constituyen el punto de partida de una investigación que busca comprender cómo se modificaron las formas de movilidad, subsistencia y utilización del territorio entre las familias tehuelche, durante la primera mitad del siglo XX, entre 1901 y 1957.

María J. Saletta, Damián L. Bozzuto y Mariana Sacchi publicaron su trabajo en la revista Magallania con el título “Memorias, paisajes y linajes. Mujeres aonikenk de Santa Cruz (Argentina) a través del registro arqueológico y etnográfico del siglo XX”. Integra información etnográfica, arqueológica y espacial, y pone de manifiesto “la variabilidad interna de algunas prácticas relacionadas con la movilidad y la adopción o no de materias primas industriales, por parte de grupos familiares tehuelche en espacios relativamente cercanos y contemporáneos”.
La microhistoria
En lugar de estudiar únicamente los procesos generales de transformación de las poblaciones indígenas, las y los investigadores optaron por reconstruir dos trayectorias familiares particulares, y contrastarlas con las evidencias materiales disponibles en los territorios donde transcurrieron sus vidas.
La primera historia corresponde a la familia Chapalala, grupo que mantuvo una amplia movilidad territorial y una economía vinculada con la caza y la recolección. La segunda corresponde a la familia Pascual-Jimata, que desarrolló un modo de vida más sedentario, e incorporó recursos de origen externo.


Para reconstruir estos procesos, las y los investigadores identificaron los lugares mencionados en las entrevistas, y los ubicaron mediante QGIS, un Sistema de Información Geográfica gratuito y de código abierto, que permite crear, editar, visualizar, analizar y publicar información geoespacial. De esta manera, pudieron relacionar los desplazamientos, los espacios habitados y las actividades de subsistencia descritas por las mujeres, con los sitios arqueológicos conocidos en las mismas áreas.
En el caso de Pati Chapalala, su trayectoria permite observar la continuidad de una movilidad amplia, vinculada con prácticas de caza y recolección. La historia de Luisa Pascual, en tanto, se relaciona con un proceso progresivo de sedentarización. Su familia incorporó recursos y materiales de origen externo, en un contexto de cambios en las relaciones económicas y sociales con la población criolla.
Ser mujer en el pueblo Aónikenk
Uno de los aportes centrales del trabajo para las ciencias sociales, es la recuperación del papel de las mujeres en la organización cotidiana de estas familias. Si bien el estudio “no excluyó información sobre lo que los varones hacían, (…) nutre un corpus muy sesgado, que se alimenta de relatos sobre la vida de los varones indígenas obtenidos por varones europeos y/o criollos”.

Los testimonios permiten conocer actividades desarrolladas en los campamentos, tareas de aprovisionamiento y conocimientos relacionados con la subsistencia. En este sentido, el artículo destaca que las mujeres fueron fundamentales para mantener la cohesión familiar durante los procesos de transformación social y territorial, afirmando que fueron «el factor común que mantuvo a los grupos juntos a través de la transmisión y el aprendizaje de diversos tipos de conocimientos».

Además, la investigación también muestra el valor de trabajar con escalas pequeñas de observación. Las biografías individuales permiten relacionar experiencias particulares con procesos colectivos más amplios, sin asumir que todas las familias atravesaron los mismos cambios ni respondieron de idéntica manera a las presiones externas. En ese sentido, Pati Chapalala y Luisa Pascual no representan dos versiones de una misma historia, sino experiencias que ayudan a comprender la diversidad de estrategias desarrolladas por estas familias en un período de transformaciones.
María J. Saletta es investigadora del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Matanza y de la Universidad Católica de Temuco; Damián L. Bozzuto, del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano y del CONICET, y Mariana Sacchi, de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Católica de Temuco.


