A partir de las 67 cifras ilustradas que reúne la cuarta entrega de la serie de publicaciones del INACH “Antártica en cifras”, el sociólogo e investigador del Nodo Antártico analiza la desconexión entre la identidad antártica de Magallanes y su infraestructura, advirtiendo sobre el castigo académico a la divulgación y las oportunidades de economía creativa que se están desperdiciando.
Un radiograma sobre la relación de la región de Magallanes con la Antártica Chilena, es una de las maneras que existen para definir a la reciente publicación titulada Antártica en Cifras: Laboratorios Naturales, según el Dr. Marcelo Astorga Veloso, sociólogo e investigador a cargo del diagnóstico de arte y cultura del proyecto ANID Nodo Antártico.
Recientemente, se presentó en Punta Arenas el cuarto volumen de esta serie editada por el Instituto Antártico Chileno (INACH), que fue desarrollado junto a la Universidad de Magallanes (UMAG), el Instituto Milenio BASE y la Universidad Austral de Chile (UACh). A juicio de Astorga, la obra va más allá del dato estadístico: visibiliza los nudos críticos que impiden consolidar a Magallanes como un polo antártico integral.
La brecha en la infraestructura cultural y urbana

Al contrastar la condición de Punta Arenas como la principal ciudad puerta de entrada al continente helado —por donde transitan 23 de las 29 expediciones globales anuales— con los catastros del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, el diagnóstico de Astorga evidencia la escasez de espacios dedicados al patrimonio polar.
“De una cifra de 34 espacios, estamos hablando de, con suerte, cuatro que han hecho exposiciones de Antártica, han hecho alguna actividad en Antártica. Entonces hay una brecha importante ahí respecto a la utilización… Si le ponemos un número en una región que se llama Magallanes y la Antártica chilena, tendría que ser el 60%, al menos”, comentó.
Esta situación contrasta con el modelo de otras ciudades antárticas del hemisferio sur, como Hobart en Australia o Christchurch en Nueva Zelanda, que integran activamente la memoria polar en el espacio público. En esa línea, iniciativas como el circuito histórico “Huellas Antárticas” permite, al menos, rescatar los más de 47 hitos urbanos asociados a expediciones como las de Roald Amundsen, Ernest Shackleton o Jean-Baptiste Charcot.
Economía creativa y financiamiento especializado
Pese a que Magallanes destaca como la segunda región del país con mayor cantidad de creadores y gestores culturales por habitante, la asignación de recursos públicos mediante los fondos concursables del Estado refleja un panorama reducido, según el sociólogo.
“Sólo se han financiado 135 millones de pesos en los últimos siete años”, afirmó. “Estamos hablando de 20 millones de pesos al año a nivel nacional en temas Antárticos. O sea, estamos con una brecha enorme. Si pudiésemos amplificar los fondos, si pudiéramos tener conciencia de la importancia que tiene lo cultural en torno a Antártica, podríamos generar una economía creativa”.
La activación de este ecosistema, dice el investigador, permitiría promover los valores ambientales y la cooperación del Tratado Antártico en el sistema educativo, y dinamizar servicios locales como la hotelería, la gastronomía y el comercio, replicando mediciones de impacto que en otros países ya aportan directamente al Producto Interno Bruto (PIB) regional.
El desincentivo universitario a la divulgación científica
Otro de los aspectos centrales abordados por el equipo del Nodo Antártico apunta a las barreras institucionales que distancian el conocimiento científico de la ciudadanía. Al examinar los criterios de evaluación de la carrera académica en las instituciones de educación superior, Astorga expone la falta de estímulos para la transferencia de conocimientos.
“Las universidades no están orientadas a la divulgación. No te ponen puntaje, digamos, académico por publicar un libro. Tiene que ser una revista indexada y con un comité científico. Si tú haces un libro como éste, por ejemplo, es muy valioso, pero no tiene ningún valor en términos de carrera académica. Entonces, el sistema te expulsa en términos de poder contribuir”.
A este escenario se suma que la divulgación científica suele ser un ámbito feminizado y poco reconocido dentro de la estructura universitaria, lo que exige a su juicio transformar las metodologías docentes hacia un aprendizaje significativo y participativo.
El respaldo ciudadano al Centro Antártico Internacional

En cuanto a las expectativas de desarrollo urbano e infraestructura comunitaria, los sondeos del Proyecto Nodo entregaron cifras sobre la percepción local del proyecto del Centro Antártico Internacional (CAI).
Astorga explicó que “un muestreo probabilístico arrojó que el 83% de la población de Punta Arenas apoya un Centro Antártico Internacional. ¿Por qué? Porque genera empleo. Porque necesitamos espacios públicos que sean gratuitos, techados… Un Centro Antártico Internacional cuesta lo que valen 4 estaciones de metro de Santiago. Y sin embargo, a nivel del país, se hace muy poca inversión en las regiones”.
