Una reciente tesis de Magíster pone de relieve una propuesta del Laboratorio de Ecología Funcional de la Universidad de Magallanes. El estudio entrega más evidencias para afirmar que es preciso hacer un cambio de paradigma en la conservación subantártica, pasando de la identificación de especies al estudio de sus funciones. De este modo, se hace necesario que los planes de manejo dejen de centrarse en una sola especie, y avancen hacia una conservación de todo el ecosistema.
El pasado lunes 11 de mayo, en el Centro de Documentación del Instituto de la Patagonia, la investigadora Taryn Sepúlveda Cifuentes marcó un hito en el conocimiento de los ecosistemas subantárticos, al defender con éxito su tesis para optar al grado de Magíster en Ciencias, mención Manejo y Conservación de Recursos Naturales en Ambientes Subantárticos de la Universidad de Magallanes (UMAG).
La investigación se titula “Respuestas funcionales de las comunidades bentónicas frente a estresores ambientales: bases ecológicas para estrategias de manejo en fiordos y canales Subantárticos”, y aporta una mirada inédita sobre cómo la vida en el fondo marino se adapta a dos de los mayores desafíos actuales en la región: el retroceso de los glaciares y la recurrencia de las Floraciones Algales Nocivas (FANs), conocidas comúnmente como marea roja.
Un cambio de paradigma: de contar especies a entender funciones

Tradicionalmente, la ciencia marina se ha centrado en identificar qué especies viven en un lugar. Sin embargo, el trabajo de Sepúlveda impulsa un cambio de paradigma hacia la ecología funcional, sosteniendo que los roles que desempeñan las especies en la red ecológica son tan cruciales como su número. Para lograrlo, la investigadora integró dos herramientas de vanguardia: el análisis de isótopos estables —que permite rastrear el flujo de energía y carbono— y la medición de rasgos biológicos —que describe qué hacen las especies en su ecosistema.
El estudio comparó cuatro localidades estratégicas: dos bajo la influencia de glaciares (Seno Ballena y Bahía Parry) y dos expuestas a eventos históricos de FANs (Isla Piazzi y Puerto Fontaine).
El aspecto trófico —es decir, la descripción de las relaciones alimenticias entre los seres vivos— es uno de los pilares centrales de esta investigación, ya que actúa como el puente para comprender cómo fluye la energía, y cómo se organizan las comunidades marinas frente a cambios ambientales críticos
La evitación
Uno de los hallazgos más sorprendentes tiene que ver con la conducta de las comunidades bentónicas (del fondo marino) en zonas afectadas por FANs. Los resultados revelaron que, en estas áreas, los organismos evitaron el consumo de materia orgánica derivada de la columna de agua.

A diferencia de otros ecosistemas, donde el fitoplancton es la base alimenticia, en lugares como Puerto Fontaine se observó una estructura trófica compacta, dominada casi exclusivamente por macroalgas y detritos (fragmentos, residuos o partículas resultantes de la descomposición o desintegración de una masa sólida). Este fenómeno sugiere una estrategia adaptativa: para evitar la toxicidad de microalgas como Alexandrium catenella (productora de toxina paralizante), los consumidores bentónicos se refugian en rutas energéticas más estables, basadas en el fondo marino. Esto implica, sin embargo, que estas comunidades son más vulnerables a cualquier disturbio que afecte sus limitadas fuentes de alimento bentónico.
El contraste
¿Qué organizaciones han desarrollado las comunidades para capturar energía, en los diferentes sitios estudiados?
Según los resultados, Puerto Fontaine mostró los valores más bajos en la mayoría de los indicadores tróficos, lo que sugiere una menor diversidad de recursos y relaciones alimentarias. En contraste, Seno Ballena, Bahía Parry e Isla Piazzi exhibieron una mayor diversidad nutricional y una mayor amplitud de nicho, reflejando comunidades con formas más variadas de obtener y utilizar los recursos disponibles.
Específicamente, Seno Ballena destacó por presentar la mayor diversidad alimentaria, mientras que Isla Piazzi mostró una amplia variedad de fuentes de carbono, que son la base de la cadena alimentaria. Los resultados evidenciaron una mayor complejidad de las redes nutricionales del fondo del mar en Seno Ballena, Bahía Parry e Isla Piazzi, en comparación con Puerto Fontaine.
El desacople

Un aporte científico fundamental de esta tesis es la detección de un desacople entre la estructura trófica y la diversidad funcional, es decir, mientras la organización del alimento (red trófica) cambia drásticamente según el factor que genera estrés, la diversidad funcional (los roles que desempeñan) permanece relativamente similar y baja en todos los sitios.
Esto indica que los fiordos de Magallanes están sometidos a un intenso filtrado ambiental que favorece únicamente a ciertas combinaciones de rasgos biológicos, por lo tanto, la investigación advierte que la estabilidad de estos ecosistemas descansa sobre un reducido grupo de especies singulares.
Las especies clave
En este estudio, se identificaron las especies con funciones ecológicas más únicas o especializadas. Una de ellas es Patagonotothen tessellata (pez nototheniidae), conocido como “robalito de piedra”, que destacó por su alta singularidad funcional, actuando como un puente crítico de energía en sistemas cercanos a glaciares. El otro es el Enteroctopus megalocyathus (pulpo rojo patagónico), identificado como la especie funcionalmente más especializada, pues ocupa nichos que ninguna otra especie puede reemplazar. La pérdida de estas especies, muchas de ellas con importancia comercial, no sólo reduciría la biodiversidad, sino que podría comprometer de manera irreversible la resiliencia del ecosistema completo.
También destacaron diversos crustáceos, moluscos, estrellas de mar y esponjas que cumplen roles importantes en el funcionamiento del ecosistema, ya sea como depredadores o como especies que contribuyen a generar hábitat para otros organismos. La mayor concentración de estas especies ecológicamente relevantes se registró en Bahía Parry, seguida por Puerto Fontaine e Isla Piazzi, mientras que Seno Ballena presentó un menor número de ellas.
Bases para el futuro manejo de Áreas Marinas Protegidas

La investigación de Taryn Sepúlveda ofrece herramientas operacionales para el manejo de las Áreas Marinas Protegidas (AMPs) de la región. Los resultados demuestran que las métricas isotópicas son indicadores tempranos más sensibles a los cambios ambientales que los índices taxonómicos tradicionales.
De este modo, la tesis de Sepúlveda amplía la frontera del conocimiento en la Patagonia, y entrega la evidencia necesaria para que los planes de manejo dejen de centrarse en una sola especie, y avancen hacia una conservación ecosistémica real, protegiendo las funciones esenciales que mantienen la vida en los remotos canales y fiordos del sur del mundo.
Esta investigación nace de datos obtenidos a través de proyectos liderados por la Dra. Claudia Daniela Andrade -FONDECYT de Iniciación 11241322 “Rastreo del impacto de las floraciones algales nocivas (FAN) en las comunidades bentónicas: aportaciones del análisis de ácidos grasos e isótopos estables en el contexto de la estructura y organización tróficas”- y el codirector, Dr. Cristian Aldea -IES-RED 21992 “Sistema articulado de investigación en cambio climático y sustentabilidad de zonas costeras de Chile”.


























