Los estudios del Centro de Energías Marinas MERIC revelan el valor estratégico de la energía mareomotriz, y subrayan las potencialidades del Estrecho de Magallanes.

No sólo las intensidades excepcionales del viento en la Patagonia atraen a la industria energética global. También se está evaluando explotar sus corrientes marinas como fuente renovable, predecible y de bajo impacto visual, para complementar la generación eólica y los sistemas de almacenamiento.

Éste fue el tema central del Coloquio “Aprovechamiento de la Energía Mareomotriz en Magallanes 2025”, realizado recientemente en Punta Arenas. La actividad fue organizada por la Universidad de Magallanes (UMAG), CORFO y el Centro Tecnológico MERIC (Marine Energy Research & Innovation Center), iniciativa público-privada de investigación e innovación, nacida hace una década de la unión de Energía Marina SpA, Naval Energies, Enel Green Power, Pontificia Universidad Católica y Universidad Austral. 

El ingeniero de Innovación y Desarrollo, Leandro Suárez Atias, presentó los resultados de diez años de estudio de MERIC. “El Estrecho de Magallanes es conocido por sus corrientes fuertes que permiten un potencial grande para generar energía, por eso fue elegido como uno de los sitios donde se harían estudios de terreno y de modelación numérica”, explicó. 

“Desde que se creó el centro hace diez años, comenzamos a pensar en cómo caracterizar ese recurso, midiendo, modelando y entendiendo su comportamiento”. En síntesis, todos los datos posicionan al Estrecho de Magallanes como una de las zonas con mayor potencial de generación eléctrica en el mundo, a partir de corrientes de marea.

Una década de estudios sobre el comportamiento de las mareas

Panel superior: el sitio de medición (delimitado por un recuadro rojo) en el paso principal del Estrecho de Magallanes hacia el noreste desde Punta Arenas (estrella negra). Panel inferior: una sección ampliada del Estrecho de Magallanes que muestra las ubicaciones de las estaciones de perfilado de velocidad (VMP, cuadrados marcados por la línea roja) y del ADCP fondeado (círculo blanco). Dos escalas de color separadas especifican la profundidad del agua en los paneles superior e inferior, respectivamente.

Los trabajos del equipo de MERIC se han desarrollado mediante campañas oceanográficas y modelaciones numéricas de alta resolución, combinando observaciones in situ y simulaciones computacionales para comprender la dinámica de las corrientes, la turbulencia y el transporte de energía en el estrecho.

Uno de los artículos surgidos de este trabajo se denomina A Snapshot of Turbulence in the Northeastern Strait of Magellan, y documenta las primeras mediciones directas de la turbulencia a pequeña escala en la Segunda Angostura. Los resultados muestran tasas de disipación de energía cinética turbulenta hasta diez veces mayores que las típicamente observadas en la capa superficial del océano, lo que indica una intensa mezcla vertical generada por el cizallamiento de las corrientes. Estas condiciones, según el investigador, favorecen la extracción eficiente de energía mediante turbinas sumergidas.

Un segundo estudio, Flow characterization and turbulence in the eastern section of the Strait of Magellan, analizó mediante perfiladores acústicos Doppler (ADCP) la asimetría de los flujos de marea y las variaciones en la turbulencia durante los ciclos de pleamar y reflujo. “Hay una diferencia clara entre las fases de marea, y eso se relaciona con la morfología del canal. Comprender esa dinámica es clave para definir dónde y cómo instalar sistemas de generación”, señaló Suárez.

Finalmente, el artículo Tidal energy resource assessment in the Strait of Magellan in the Chilean Patagonia —resultado de una modelación numérica de alta resolución— estimó una potencia máxima combinada superior a 4 gigavatios (GW) entre la Primera y la Segunda Angostura, con densidades de potencia sostenidas mayores a 1 kilovatio por metro cuadrado (kW/m²) en un área de 67 kilómetros cuadrados. En condiciones de marea viva, los picos alcanzan hasta 10 kW/m².

Primera y Segunda Angosturas como sitios de interés mundial

El análisis sitúa a las angosturas del Estrecho de Magallanes entre los lugares más promisorios del planeta para el desarrollo de proyectos mareomotrices. “Los lugares donde las velocidades son mayores —la Primera y la Segunda Angostura— son interesantes a nivel mundial, por su estrechez y las corrientes extremadamente fuertes que concentran mucha energía”, explicó Suárez. “Ahí se podrían instalar proyectos semicomerciales o comerciales, aunque eso es algo a más largo plazo”.

En la actualidad, las tecnologías para aprovechar las corrientes de marea siguen siendo incipientes. Los desarrollos experimentales y pilotos de pequeña escala en Europa, Canadá y Asia han demostrado su viabilidad técnica, pero los costos aún son altos. “No es algo que vaya a competir con el viento, sino que lo va a complementar. Su gran fortaleza es que es predecible: sabemos cuándo hay corrientes y cuándo no, a diferencia del viento”, agregó.

Esta característica convierte a la energía de marea en un recurso ideal para estabilizar la generación renovable y para apoyar procesos industriales como la producción de hidrógeno y amoníaco, cuyo funcionamiento depende de un suministro eléctrico continuo. “Cuando no hay viento, la energía de marea puede suplir esa brecha”, resumió el investigador.

De la modelación a la planificación territorial

Más allá del potencial energético, los estudios de MERIC están aportando información clave para evaluar los impactos ambientales y operacionales de futuras instalaciones. Los modelos numéricos permiten simular distintos escenarios de instalación de turbinas —una, diez o treinta— y proyectar sus efectos sobre la hidrodinámica, los sedimentos y la vida marina.

“Una cosa es traer energía y la otra es estimar cuáles son los impactos. Los modelos sirven justamente para eso: para ver qué pasaría si se instalan distintas cantidades de turbinas, cómo cambia el flujo y qué efectos puede haber en el entorno”, explicó Suárez.

El investigador destacó la importancia de articular estos estudios con la planificación energética y ambiental de la región. “El conocimiento científico puede orientar las decisiones sobre dónde y cómo desarrollar estas tecnologías, de modo que se integren armónicamente al territorio y aporten a una transición justa para Magallanes”, concluyó.

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