El historiador magallánico Alberto Harambour Ross, desafía varios conceptos o perspectivas que se dan por sentadas en la sociedad. Recientemente, viajó a Punta Arenas para dictar charlas y talleres en la Universidad de Magallanes, instancias en las cuales cuestionó la narrativa histórica dominante sobre la Patagonia.
El Ciclo Abierto de Conferencias Regionales, organizado por la Unidad de Estudios Regionales de la Universidad de Magallanes (UMAG), ha reunido a diversas personalidades del ámbito intelectual. La última de ellas fue el historiador oriundo de Punta Arenas, Alberto Harambour Ross, profesor titular del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Austral de Chile (UACh), Licenciado en Historia por la Pontificia Universidad Católica de Chile, Máster y Doctor en Historia por la State University of New York, Stony Brook, Estados Unidos.

Harambour presentó la charla titulada “Antes de la oveja / Después de la oveja: la historia de Patagonia entre el pasado y el futuro”. El también director del Doctorado en Ciencias Humanas de la UACh e investigador del centro FONDAP-Ideal, compartió sus ideas sobre la transformación y los desafíos actuales del Cono Sur austral, enfocándose en la crítica a la narrativa histórica dominante.
El título de la conferencia se originó en el marco de un artículo escrito con Miguel Cáceres para la renovación del Museo Regional de Magallanes, haciendo referencia al “gran quiebre en la historia del extremo sudamericano que tiene que ver con la oveja”. Sin embargo, explicó que el concepto debe entenderse como una representación simbólica: “La oveja es una metáfora del capital”, afirmó Harambour.
El mito del igualitarismo y la historia oficial

El historiador precisó que esa metáfora de la oveja atraviesa la historia reciente de la región y del mundo. Desde esa perspectiva, subrayó que el estudio del pasado magallánico no puede desligarse de las dinámicas globales del capital ni de las formas en que éstas han configurado desigualdades sociales y culturales. “Después de la oveja —dijo—, siendo un ‘después del capital’, se inaugura una sociedad tremendamente violenta, por medio de una sociedad desigual”.
En uno de los pasajes de su conferencia, Harambour relató una anécdota de su juventud en la que la historiadora Verónica Valdivia le preguntó por qué se decía que “en Punta Arenas no existían las clases sociales”. Esa idea —añadió— había sido repetida tanto en relatos orales como en la historiografía regional. “Punta Arenas, ciudad cosmopolita, sociedad de un igualitarismo en la cual no existían grandes diferencias sociales, y más bien lo que había era una gran armonía”.
Sin embargo, el historiador cuestionó la persistencia de esa narrativa, contrastándola con la mirada crítica de Gabriela Mistral sobre la sociedad magallánica. “Ella hablaba de una patria doble y contradictoria. Decía que sólo en la escuela nocturna, cuando empezó a relacionarse con alacalufes, pescadores o prófugos de Ushuaia, comprendió que la diferencia era grande y vertical”.
Al respecto, advirtió que estos discursos de armonía social funcionan como una “historia oficial” que oculta los conflictos y violencias fundacionales del territorio. “Esto es sumamente peligroso”, enfatizó.

El peligro de la historia única
En su análisis, el investigador citó a la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie y su reflexión sobre “el peligro de una historia única”. La referencia le permitió extender su crítica hacia la construcción hegemónica de los relatos sobre la Patagonia. “Cuando uno piensa en la historia de la Patagonia y de Magallanes, más específicamente, y de Punta Arenas más específicamente aún, está pensando en realidad en la historia del mundo”.

El problema, explicó, radica en las delimitaciones que impone la disciplina histórica —espaciales, temporales y de autoría—, las cuales definen qué versiones del pasado se legitiman. “Tenemos una obsesión con la periodificación, con la delimitación espacial y temporal, y eso no es inocuo, está cargado de significaciones del sujeto que narra la historia, de quien construye una cierta manera de mirar al mundo”.
Harambour insistió en la necesidad de cuestionar las voces que escriben la historia y las condiciones desde las que se producen estos discursos. “Hay que tener siempre muy presente quiénes son estas personas, cuáles son sus biografías, desde dónde se están situando. En general, hemos sido hombres quienes hemos escrito la historia”.
La Patagonia como espejo del mundo

Hacia el cierre de su exposición, el historiador reflexionó sobre el carácter global de los procesos que atraviesa la Patagonia, enfatizando que los desafíos actuales del territorio austral —ambientales, sociales y culturales— sólo pueden comprenderse dentro de esa trama planetaria.
La conferencia cerró con una invitación a revisar las estructuras del conocimiento histórico, y a reescribir los relatos desde una mirada situada en el extremo sur del continente. “¿Cuándo comienza la historia de la Patagonia? Esa es una pregunta no menor, porque dice relación con qué es la historia, es decir, desde qué noción de historia nos estamos situando”, planteó.
Para Harambour, el ejercicio histórico debe abandonar su carácter puramente descriptivo y convertirse en una práctica crítica que interpele el presente. En ese sentido, la metáfora de la oveja —como símbolo del capital y de sus efectos— adquiere un nuevo sentido: el de una frontera epistemológica que separa dos formas de pensar el territorio, antes y después de su mercantilización.









