La investigación etnográfica que el filósofo Pedro Pablo Achondo presentó en la III Conferencia Internacional del CHIC, interpela al modelo de conservación excluyente, y propone nuevas formas de cohabitación en el Antropoceno.
El filósofo y teólogo Pedro Pablo Achondo Moya presentó en la reciente Conferencia Internacional del Cape Horn International Center (CHIC), un conjunto de hallazgos que nacen de su investigación doctoral Entre los gestos del bosque, desarrollada entre alerzales del sur de Chile. En ella, el académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso indagó, durante varios años, las posibilidades de relación entre humanos y alerces desde una perspectiva etnográfica, corporal y situada, que abre espacio a preguntas críticas sobre el modelo de conservación imperante.
“Lo que yo presenté fue un resultado hallazgo de mi investigación doctoral, que terminó el 2023”, comenzó explicando Achondo. “Fue una investigación etnográfica, larga, tranquila, de varios años visitando bosques de alerce en la región de Los Ríos y de Los Lagos. Me hice la pregunta: ¿qué formas de cohabitar podemos encontrar entre humanos y alerces en particular?”, contó. Para responderla, conversó con tejueleros, alerceros, habitantes del bosque, ingenieros forestales y carpinteros, trazando una compleja red de vínculos afectivos, técnicos y simbólicos.
Cuatro intuiciones

Achondo compartió cuatro intuiciones clave que emergieron de su experiencia como “caminante de los bosques”. La primera fue el respeto radical por la alteridad vegetal. “El árbol no es un humano. Me toca como árbol, me mira como árbol. No se trata de domesticarlo, ni siquiera con el lenguaje”.

La segunda fue el valor de la investigación encarnada. “Una cosa es investigar sobre algo, otra es caminar los senderos, dormir en la montaña, mojarse, sentir frío. El cuerpo es el primer sensor. Todo pasa por el cuerpo. El bosque de alerce me afecta, y yo también lo afecto”.
En tercer lugar, cuestionó la idea de conservación sin presencia humana. “El modelo de conservación en Chile, tanto privado como estatal, suele concebir que los humanos somos un problema. Pero hay otras formas de habitar, no extractivistas, que hacen posible una cohabitación con futuro”.
Finalmente, propuso el concepto de “densidad vegetal” para pensar los modos en que ciertos árboles se vuelven polos gravitatorios que estructuran relaciones humanas, afectivas y territoriales. “La edad, la historia personal, la dificultad de acceso, todo eso genera densidad. Un árbol puede volverse foco de atracción, objeto de cuidado, o motivo de disputa territorial, como ha pasado en parques donde se abren caminos o se restringen accesos por su presencia”.

Una teología del bosque en tiempos del Antropoceno
Pedro Pablo Achondo ha publicado ampliamente sobre temas como ecoteología, afectividad en el Antropoceno y vínculos multiespecies, proponiendo un enfoque crítico que articula territorio, teología política y filosofía encarnada. Desde esa perspectiva, su trabajo convoca a mirar el bosque no como “objeto” de estudio ni como “paisaje” para la contemplación, sino como sujeto relacional que incide, afecta y transforma a quienes lo habitan.

La empatía vegetal, dice, es una urgencia epistémica y ética. “Así como el ecofeminismo nos ha hecho avanzar en el reconocimiento de los vínculos interespecies con los animales, también hay que extender esa mirada al mundo vegetal. Estamos empezando a elaborar una geografía vegetal que no es la botánica, sino el ver las plantas como parte de nuestras historias, afectos y formas de vida”.
















