En un vibrante llamado a restituir el equilibrio con la naturaleza, la académica mapuche reflexionó sobre las raíces epistémicas de su pueblo, y cómo pueden resultar claves para superar la crisis civilizatoria contemporánea.

En la charla inaugural de la III Conferencia Internacional “Filosofías, Educación y Éticas para la Conservación Biocultural”, organizada por el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) de Puerto Williams, la lingüista, docente y ex presidenta de la Convención Constitucional, Dra. Elisa Loncon Antileo, presentó una ponencia profundamente política y espiritual.
“Me llamo Elisa Loncon. Soy una mujer mapuche”, fue la afirmación inicial con la que la académica de la Universidad de Santiago de Chile, abrió su intervención el pasado 12 de mayo. Loncon es integrante de la comunidad Lefweluan —“el lugar donde corren los guanacos” en mapudungún— además de Doctora en Humanidades por la Universidad de Leiden, Holanda; Doctora en Literatura por la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Magíster en Lingüística por la Universidad Autónoma Metropolitana de México. Sus líneas de investigación son las lenguas indígenas, la educación intercultural bilingüe y el pluralismo epistémico en la educación.
Desde el pensamiento mapuche, convocó a un cambio de rumbo para enfrentar “la pérdida de la diversidad cultural y de la biodiversidad”. Propone poner un freno, y retornar al azmapu (fisonomía del territorio), el itxofill mogen (todas las vidas) y el küme mogen (buena vida), como principios para una regeneración ética, ontológica y territorial. “No se trata sólo de una contribución cultural o espiritual, sino una propuesta ética y una práctica que cuestiona los paradigmas dominantes, y ofrece horizontes de transformación profunda para recuperar los equilibrios y el respeto por la Madre Tierra”, agregó.
Su charla, titulada “Claves filosóficas mapuche para la regeneración”, ofreció un denso tejido de saberes indígenas, que confronta el modelo civilizatorio moderno con propuestas de restauración del equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza. Sostuvo que la crisis ecológica, espiritual y civilizatoria actual, es inseparable del legado colonial y del modelo neoliberal. “La filosofía mapuche no es una alternativa entre otras, sino una raíz antigua que florece hacia el futuro”, declaró.
La regeneración biocultural, explicó, no implica un retorno nostálgico al pasado, sino una continuidad dinámica. “Regenerar bioculturalmente, implica sanar tanto los ecosistemas como las culturas que los sostienen”.
Azmapu: rostro de la tierra, ética del territorio

El eje de su intervención giró en torno al azmapu, concepto que definió como “rostro bonito de la tierra”, una filosofía viva que regula las relaciones entre personas, naturaleza y espiritualidad. En su articulación se incluyen el normoñen (normas y protocolos de convivencia), el azmoñen (saberes y valores), el küme mogen (el buen vivir) y el itxofill mogen (todas las vidas en interdependencia).
“El azmapu es parte de un pensamiento ancestral que ha sido menoscabado por la conquista y el colonialismo, reducido a folclor, pero que sigue vivo gracias a la resistencia de nuestros pueblos”, afirmó Loncon. Frente a una modernidad que separa cultura y naturaleza, la propuesta mapuche integra ambas dimensiones, y con ello plantea un horizonte civilizatorio distinto. “Todo está vivo. Los ríos, las montañas, las aves, los espíritus de los antepasados. La vida no es sólo una propiedad biológica, sino una condición espiritual y relacional”, afirmó.
Descolonizar la conciencia y regenerar el territorio
Con cifras concretas, Loncon denunció las consecuencias del modelo extractivista. Incendios forestales, mega-sequías, suicidios juveniles, migración forzada y pérdida de la soberanía territorial. “El acto de provocar incendios expresa un profundo nivel de desconexión con la tierra y con la humanidad”, lamentó, recordando que en la cosmovisión mapuche, incendiar la tierra es una grave transgresión espiritual.

A su juicio, la “desconexión espiritual y material con la red de la vida” es el síntoma más profundo de la crisis actual, exacerbada por la privatización de las aguas y la mercantilización de los territorios. “El modelo neoliberal no sólo es una política económica, sino una cosmovisión destructiva que erosiona los vínculos éticos con la tierra”, citó, parafraseando a Vandana Shiva.
En ese marco, llamó a superar los mitos del progreso lineal y del desarrollo homogéneo, impuestos desde Europa durante el siglo XIX. En su lugar, propuso una pluralidad de mundos, de pensamientos, de filosofías. “No existe una sola filosofía. No existe un solo mundo. Existen muchos mundos interconectados”.
Un horizonte compartido para todas las vidas

La intervención de Loncon fue también una invitación afectiva: a imaginar, crear, y actuar juntos desde el itxofill mogen, es decir, desde la diversidad interdependiente de todas las formas de vida. “Es un llamado a la convivencia, a la reciprocidad. Desde la filosofía mapuche, la pérdida de una lengua, de una cultura, es una herida en el tejido del mundo”, afirmó.
Como gesto poético, cerró su ponencia evocando su niñez en Lefweluan, en medio del canto de la rana, el aroma del bosque y el manantial. “¿Dónde está la rana? ¿Dónde quedó la humedad?”, se preguntó. “Mi deseo es que el azmapu nos devuelva el sentido; que el itxofill mogen nos enseñe a convivir; que el kume mogen sea el horizonte compartido, y el normoñen reproduzca la justicia con nuestras comunidades, pero también con la madre tierra”.
