– No existen mediciones exactas acerca de cuántas especies se han perdido por simplificación de hábitats. Sin embargo, las proyecciones indican que, a nivel mundial, más de 27 mil están en riesgo de extinción por esta causa.

– Con esta investigación, Catalina Velasco Charpentier se convirtió en la primera Doctora en Ciencias Antárticas y Subantárticas de la Universidad de Magallanes.

 

La teoría de la complejidad surge a mediados del siglo XX, como un paradigma destinado a “comprender la complejidad de la vida”. Fue una reacción del pensamiento crítico, frente a lo que se consideraba una simplificación extrema de la realidad, que parte de la ciencia llevaba a cabo para investigarla. Su sinónimo no es complicado sino compuesto, y apela a una forma de analizar y reflexionar sobre la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, a partir de determinados aspectos que se relacionan entre sí. 

Dra. Catalina Velasco Charpentier.

El concepto recién descrito, atraviesa toda la tesis de la bióloga marina y comunicadora científica, Catalina Velasco Charpentier, quien, recientemente, se graduó como la primera Doctora en Ciencias Antárticas y Subantárticas de la Universidad de Magallanes (UMAG). Su investigación se denomina “Evaluando la dimensionalidad de la complejidad de hábitat en un ecosistema de agua fría”, y analiza la heterogeneidad estructural de un entorno marino austral, para luego evaluar sus efectos en la diversidad de especies.

¿Qué motivó este estudio? Según explica Catalina en un artículo publicado en Ecology and Evolution, “la crisis climática antropogénica sin precedentes que estamos viviendo, plantea graves amenazas a la biodiversidad, en todas las escalas y ámbitos, y sus impactos pueden ser especialmente graves cuando afectan a especies como las fundacionales”. En el caso de los mares australes, aquellas especies que sustentan la estructuración de la comunidad marina son, principalmente, los bosques de algas. 

¿Cuántas especies se han perdido ya? Lamentablemente, la investigadora contesta que no se puede saber, pero entrega información de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), según la cual “más de 27.000 especies están en riesgo de extinción en todo el mundo, y uno de los principales riesgos está relacionado con la simplificación de los hábitats”.

¿Cómo se investigó?

La perspectiva de la complejidad a partir de la cual Catalina vertebró su tesis, abarca 5 dimensiones interrelacionadas de los elementos que estructuran el hábitat: su escala de observación (es decir, si es global, regional, local o microhábitat), su diversidad (geometría de la superficie o topografía), su disposición espacial (dispersos al azar, agrupados, en parches de diferentes elementos o en zonas determinadas), su densidad (número de elementos en un área definida) y su tamaño. 

Todos estos criterios fueron medidos tanto en aguas superficiales como profundas, en tres puntos diferentes de arrecifes naturales y artificiales del Estrecho de Magallanes. El espacio artificial escogido fue el Dap Mares, buque escorado frente al sector de Tres Puentes en Punta Arenas, perteneciente a la empresa del mismo nombre, que en 2006 terminó hundiéndose en aguas del Estrecho, a poco más de 500 metros de la costa. Mientras que los espacios naturales fueron dos bosques de algas, ubicados uno en Punta Carrera y otro dentro del Parque del Estrecho, al sur de la ciudad de Punta Arenas. 

Catalina decidió estudiar los bosques de huiro del Estrecho de Magallanes.

“Los bosques de algas pardas sustentan muchos hábitats marinos costeros templados, y mejoran la diversidad de especies al aumentar la productividad primaria, el suministro de nutrientes, el refugio y el espacio de asentamiento secundario”, explicó Velasco. Por tal razón, seleccionó el huiro (Lessonia flavicans) para evaluar cómo se relacionan sus 5 atributos estructurales, con aspectos como la riqueza, taxonomía, abundancia total, funcionalidad y estructura de las especies macrobentónicas asociadas, como choritos, cangrejos y organismos similares.

A pesar de su importante papel como hábitats complejos, los atributos de estos bosques suelen analizarse por separado, afirma la Dra. Velasco. Con su tesis, quiso revertir esta tendencia, y estableció un programa de muestreo observacional integrado, a partir del cual colectó evidencia de múltiples atributos de complejidad del hábitat, como la madurez de los talos (cuerpo vegetativo de plantas no vasculares), la altura total, cobertura de follaje y densidad de los huiros. 

Resultados

Las relaciones -afirma la investigadora- se hicieron evidentes. El diámetro y la longitud máxima de la fronda, seguidos por el peso húmedo del talo, tuvieron los mayores efectos positivos sobre la riqueza de especies y la abundancia total, mientras que otros aspectos estructurales generaban el efecto contrario. No obstante, pudo comprobar que un kelp más grande, sostiene más especies y más individuos. 

Catalina buceó en tres lugares diferentes para hacer su tesis.

Los datos -explica Velasco- permiten afirmar que, a mayor complejidad del hábitat, mayor diversidad de especies, mayor productividad, mayor abundancia y más oportunidades de nichos ecológicos. Las áreas más grandes soportan una mayor diversidad taxonómica y funcional, debido a la creciente heterogeneidad del lugar, por tanto, mientras más diferencias de nicho, más especies coexistentes. La bióloga marina agrega que, en el caso estudiado, este atributo puede haber permitido la evolución de especies “especializadas en estos microhábitats”.

La tesis agrega que la profundidad es relevante para la organización de las comunidades bentónicas, ya que factores como la luz, la sedimentación, la temperatura y otros, varían de manera predecible con la profundidad. La interacción entre la profundidad y la inclinación del sustrato influye fuertemente en las comunidades del Estrecho de Magallanes, sin presentar diferencias entre arrecifes naturales y artificiales. Sin embargo, en zonas profundas de naufragio, hay factores locales que pueden generar efectos adversos para la biodiversidad, como las tormentas invernales, que constituyen una importante fuente de estrés para los organismos marinos en las regiones subantárticas.

Principales aprendizajes

Las zonas de naufragio pueden funcionar como arrecifes artificiales.

Como principal aprendizaje, la Dra. Velasco destaca el hecho de confirmar que las dimensiones de la complejidad importan cuando se analiza un hábitat. Asimismo, comenta que “modifica las interacciones alimenticias, es decir, la relación depredador-presa, y un nuevo estudio podría analizar la relación entre la densidad de presas y la tasa de alimentación, a lo largo de los gradientes de complejidad del hábitat”. 

En cuanto a las futuras direcciones en esta línea de investigación, Catalina agregó los factores abióticos, es decir, los elementos del ecosistema que no tienen vida, pero que necesitamos para vivir, como el agua, el oxígeno, la temperatura y la luz solar. De hecho, cree que “sería interesante evaluar la variación en estas variables en estos hábitats de agua fría, para dilucidar si los efectos de la complejidad del hábitat en la biodiversidad están realmente mediados por la estabilización ambiental local”. 

La investigadora también releva aprendizajes metodológicos. “Cuando se hace una investigación, importan el equipo de trabajo, la comunicación y también la aplicación de la perspectiva de la complejidad a la hora de evaluar la conservación. La funcionalidad ecológica debería ser un criterio de gestión para la conservación efectiva y, en este sentido, ningún estudio vale la pena si no se comunica a diversas audiencias, pues la comunicación científica y la educación ambiental son pilares clave”, añade la primera Doctora en Ciencias Antárticas y Subantárticas de la UMAG.

“Los bosques de algas en el Estrecho de Magallanes albergan conjuntos de invertebrados multifuncionales, y su baja redundancia podría indicar una alta vulnerabilidad de la comunidad a impactos antrópicos (humanos)”, sentencia. En resumen, “el papel de los bosques de huiro para la biodiversidad local es fundamental, pues ofrecen una mayor disponibilidad de microhábitats, una mayor productividad y estabilidad de la red trófica (alimenticia) y una mayor protección frente a las perturbaciones físicas”.

Los choritos son considerados organismos macrobentónicos.

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