Los resultados de una investigación desarrollada por la Universidad de Magallanes, en colaboración con la Seremi de Salud y casi 300 personas evaluadas, muestran que la región supera la media de afectación a nivel internacional, y que la mayor prevalencia se presenta en mujeres de entre 30 y 64 años de edad.

El proyecto de Prevalencia de COVID-19 Persistente en Magallanes, fue financiado por el Gobierno Regional (GORE), a través del Fondo de Innovación para la Competitividad Regional (FIC-R). Entre julio de 2022 y julio de 2023, las y los investigadores se centraron en evaluar las secuelas físicas y psicológicas de la enfermedad, en 292 pacientes adultos con diagnóstico positivo. Este esfuerzo interdisciplinario incluyó la participación de áreas como medicina, psicología y kinesiología, con la guía del Laboratorio de Medicina Molecular del CADI-UMAG.
Este estudio marca un precedente nacional, al establecer un protocolo que puede replicarse en otras regiones, considerando las particularidades de las comunidades más aisladas y la necesidad de abordar el COVID-19 persistente como una condición con impacto multidimensional. Sus resultados están en proceso de publicación en revistas internacionales, disponibles para elaborar nuevos estudios y políticas públicas.
La metodología incluyó una serie de evaluaciones diagnósticas, que abordaron tanto los síntomas físicos como psicológicos, con un seguimiento detallado de los biomarcadores inflamatorios. Leyla Huirimilla, coordinadora del proyecto, explicó que “con el apoyo de la Seremi de Salud, quienes enviaron esta invitación a los pacientes con PCR positiva en sus listados, hicimos el reclutamiento. Luego de la firma del consentimiento informado, se aplicaba una batería psicológica, una toma de muestra de sangre para la batería inmunológica, y luego venía la parte kinesiológica. Finalmente, con un score, el médico diagnosticaba si había Long COVID, y si era leve, moderado o grave”.
Hallazgos de un estudio pionero
Los resultados fueron presentados por la Dra. Lindybeth Sarmiento Varón, quien lideró la ejecución del protocolo de investigación. Según informó, un 49,6% de los participantes cumplía con los criterios de COVID-19 persistente de la OMS, posicionando a Magallanes como una de las regiones con mayor prevalencia a nivel global, al superar con creces el rango habitual que va del 10 al 30%. Es decir, uno de cada tres habitantes padece Long COVID. La afectación es más pronunciada en mujeres de entre 30 y 64 años (56%), lo que podría estar asociado a factores hormonales, metabólicos y psicosociales.
Entre los síntomas más frecuentes reportados, la fatiga severa fue el más prevalente, afectando al 63% de los pacientes, seguido por dolor musculoesquelético (48%) y alteraciones respiratorias (34%), además de pérdida de memoria a corto plazo. Sin embargo, un hallazgo preocupante fue la alta incidencia de problemas psicológicos, como ansiedad (57%) y depresión (41%), lo que sugiere que la región enfrenta una carga psicosocial considerable debido a las secuelas de la pandemia. Además, el 72% de los pacientes reportó alteraciones en la calidad del sueño, un síntoma que también ha sido común en estudios internacionales.
La investigación también mostró una reducción en los niveles de linfocitos NK CD56 en el 67% de los casos, lo que sugiere una alteración persistente en el funcionamiento del sistema inmunitario del cuerpo. Asimismo, un aumento en la proteína C reactiva y ferritina (35%) reflejó una respuesta inflamatoria sostenida, lo que refuerza la necesidad de monitorizar a estos pacientes a largo plazo.
En cuanto a las diferencias de género, la Dra. Sarmiento explicó que “las mujeres tienden a reportar mayor incidencia de fatiga severa, ansiedad y depresión, mientras que los hombres presentan mayores dificultades respiratorias. Estas diferencias podrían estar relacionadas tanto con factores biológicos como culturales”.
¿Cuál es la situación actual?
Consultado por las estadísticas actuales del COVID-19, el Seremi de Salud (S), Eduardo Castillo, informó que “las tasas de contagio han disminuido en comparación con el período crítico de la pandemia”. Sin embargo, agregó que “la región continúa registrando entre 15 y 19 casos mensuales, confirmados mediante pruebas de antígeno positivo”. En otras palabras, hoy es una enfermedad estacionaria, que podemos ubicar, principalmente, en la época de primavera-verano y ya no en el invierno.
Además, persisten muertes asociadas al COVID-19, aunque en números mucho menores que en años anteriores. Según Castillo, esta disminución refleja el éxito de la vacunación en reducir la gravedad de la enfermedad, pero también subraya la necesidad de mantener los esfuerzos de vacunación, especialmente para los grupos más vulnerables.
En cuanto al estudio, la autoridad sanitaria aseguró que “proporciona un punto de partida para la creación de estrategias de seguimiento y tratamiento”, y muestra la necesidad de diseñar programas diferenciados, que tomen en cuenta las especificidades de los síntomas reportados. Agregó que “los recursos del GES están asegurados en lo que se refiere a las secuelas, pero tenemos que integrar nuevos recursos. Este es el primer estudio nacional que se hace desde la región. Por eso deberíamos presentarlo al Ministerio, hacer evaluaciones mayores y poder redirigir especialmente al fortalecimiento de la atención en salud mental y la rehabilitación músculo-esquelética”.
Lo que viene
Con el éxito de este estudio, se abre un nuevo camino para la investigación y la atención clínica en la región. La directora del CADI-UMAG, Karena Espinoza, destacó que la UMAG ha jugado un papel pionero en el estudio del COVID-19 desde el inicio de la pandemia, tanto en el diagnóstico como en la rehabilitación. “Estamos a la vanguardia en el estudio de Long COVID, y este seminario refleja el compromiso continuo de la Universidad de Magallanes con la investigación científica y la salud pública”, señaló Espinoza.
A futuro, se proyecta seguir ampliando los estudios sobre Long COVID, especialmente mediante la implementación de programas de rehabilitación intermodales y la participación en redes internacionales de investigación. De esta manera, los datos obtenidos en Magallanes no solo beneficiarán a la región, sino que también contribuirán a la creación de estrategias globales para el manejo de esta condición.
CADI-UMAG: Una historia de lucha contra el COVID-19
El Centro Asistencial Docente e Investigación de la Universidad de Magallanes (CADI-UMAG) se posicionó como un pilar fundamental en la respuesta a la pandemia de COVID-19 en la región austral de Chile. Desde su apertura en 2019 como parte del Plan de Zonas Extremas, el centro no solo lideró el diagnóstico de la enfermedad, sino que también avanzó hacia la investigación y la rehabilitación de pacientes afectados por secuelas crónicas, marcando un hito en la historia de la salud pública local.
Karena Espinoza, directora del centro, destacó que el laboratorio fue el primero de la red universitaria nacional en iniciar diagnósticos de COVID-19 (marzo de 2020), y el único en la región con la tecnología necesaria para esta tarea. En sus primeros meses de operación, reportó una tasa de positividad del 30%, significativamente más alta que el promedio nacional. “Y ahí fue cuando detectamos que teníamos variantes distintas al resto del país”, afirma Espinoza, hallazgo que posicionó a la UMAG como la primera estatal en integrarse a la red nacional de vigilancia genómica.
Más allá del diagnóstico, el CADI-UMAG trabajó en estrecha colaboración con instituciones como el Servicio de Salud, el Hospital Clínico y la Seremi de Salud, enfocándose en pacientes con secuelas persistentes tras superar la infección. “Creamos programas de rehabilitación para pacientes secuelados, logrando atender a 30 personas en conjunto con el Hospital Clínico”, explicó Espinoza. Esta experiencia impulsó proyectos más ambiciosos financiados por el GORE y el Ministerio de Ciencia, que permitieron estudiar la prevalencia de secuelas y desarrollar una intervención multidisciplinaria para mejorar la calidad de vida de las personas afectadas.
El impacto del CADI-UMAG no se limitó a la atención clínica. Según Espinoza, el centro integró a estudiantes de pregrado y posgrado de diversas disciplinas en sus proyectos, generando oportunidades de formación académica, tesis de investigación y publicaciones científicas. “Esto fortalece nuestra misión de asistencia, docencia e investigación, contribuyendo al desarrollo humano desde una perspectiva integral”, afirmó.
