El investigador portugués Vítor Vasconcelos dio a conocer, recientemente, los avances de una investigación en cianobacterias, que podría ser el motor de una nueva economía verde y sostenible para el siglo XXI. A diferencia de otras industrias, no implicaría explotar la naturaleza, sino cultivarla para imitarla. Gracias a un convenio con la UMAG, el especialista espera desarrollar un biobanco en la misma Patagonia.
Imagina una farmacia microscópica que ha estado abierta por siglos, acumulando fórmulas maestras para sobrevivir a glaciaciones, meteoritos y cambios atmosféricos radicales. Más que una metáfora, es la función de las cianobacterias, organismos antiguos a menudo confundidos con algas que, tras miles de millones de años de evolución, hoy prometen revolucionar desde la lucha contra el cáncer hasta la industria de la moda y la cosmética vegana.
Durante décadas, las ciencias miraron a estas comunidades acuáticas enfocándose únicamente en su capacidad para contaminar depósitos de agua potable o zonas de pesca. Sin embargo, el paradigma ha dado un giro de 180 grados. Vítor Manuel Oliveira Vasconcelos, director del Centro Interdisciplinario de Investigación Marina y Ambiental (CIIMAR) en Portugal y pionero en esta área, ha pasado los últimos 15 años transformando esa “amenaza” en una fuente inagotable de innovación biotecnológica.
De la toxicidad a la cura: fármacos y “nutracéuticos”
Vasconcelos comenzó mapeando toxinas en el agua, pero pronto descubrió que las cianobacterias producían un tesoro de moléculas no tóxicas con aplicaciones médicas asombrosas. Actualmente, su equipo lidera el desarrollo de compuestos con actividad anti-cancerígenas. Aunque el camino hacia un fármaco definitivo es largo y costoso, el potencial es real.

Más cerca de llegar a las estanterías están las soluciones para combatir la obesidad. “Podemos desarrollar no un fármaco, sino un nutracéutico, que es algo mucho más rápido y puede entrar en el mercado en 5 años. De esta forma, uno puede comer cianobacterias que ayudan a eliminar las grasas y a disminuir la acumulación de grasas”, explica Vasconcelos sobre este producto de origen natural, que no tiene parangón en el mercado actual.
Soluciones cosméticas y marinas basadas en la naturaleza
En el marco de la vigésimo primera Conferencia Internacional sobre Algas Nocivas (ICHA 2025) realizada en Punta Arenas en 2025, el científico detalló cómo estas moléculas pueden reemplazar químicos altamente contaminantes. Un ejemplo crítico es la industria naviera: hoy se utilizan pinturas con metales pesados para evitar que algas y mejillones se peguen a los barcos, dañando el ecosistema marino.
El equipo de Vasconcelos ya está probando tintas basadas en cianobacterias que logran el mismo efecto de forma ecológica. “No estamos inventando la rueda, pero estamos utilizando soluciones basadas en la naturaleza y, de esa forma, intentar añadir valor al material biológico”, afirma. Esta misma filosofía se aplica a la cosmética vegana, donde las cianobacterias ofrecen una alternativa ética y eficaz a los ingredientes de origen animal.
Un biobanco para el futuro de la Patagonia
La clave de esta industria no reside en extraer recursos del medio ambiente de forma indiscriminada, sino en la sostenibilidad. La estrategia consiste en crear “biobancos” o colecciones de cultivos: se toma una muestra de la naturaleza una sola vez, y luego se cultiva en laboratorio, protegiendo las praderas naturales.

Este modelo es el que Vasconcelos busca replicar en el extremo sur de Chile, a través de una colaboración firmada con la Universidad de Magallanes (UMAG). El objetivo es testar las especies únicas que habitan cerca de la Antártida, para descubrir qué nuevos secretos han acumulado durante miles de millones de años en estas aguas.
“Las cianobacterias ya existen en el planeta desde hace más de 3,5 billones de años. Han desarrollado moléculas para protegerse de los distintos cambios del planeta, y hoy en día lo que estamos haciendo es utilizar esta información a nuestro favor para desarrollar nuevos productos”, concluye el investigador.
