Una microalga llamada Vulcanodinium rugosum, que ha sido reportada en aguas de diversos lugares sólo desde hace dos décadas, está amenazando nuestra relación con el mar. Según especialistas, el aumento en la temperatura de las aguas oceánicas está extendiendo rápidamente su presencia hacia distintas latitudes, por lo que se recomienda monitorear. 

 

Imagine entrar al mar a tomar un baño, y salir con infecciones cutáneas severas, provocadas por microorganismos invisibles al ojo humano. Lamentablemente, esta realidad no es imaginaria, sino emergente y cada vez más probable en las costas del mundo. Las responsables son algas diminutas y tóxicas que están colonizando nuevos territorios a una velocidad sin precedentes. 

El Dr. Philipp Hess, director de la Unidad de Seguridad Alimentaria en el Instituto Francés de Ciencias Oceánicas (Ifremer), advierte que el peligro ahora también está en el aire que respiramos en la playa y en el contacto directo con el agua. Dada la relevancia de este tema, conversamos con este experto mundial en ficotoxinas en la reciente Conferencia Internacional ICHA 2025, realizada en Punta Arenas.

Primero en el Mediterráneo

El protagonista de esta nueva alerta es un dinoflagelado llamado Vulcanodinium rugosum, descrito por primera vez hace dos décadas, en muestras de agua de lagunas mediterráneas francesas. Este organismo produce un cóctel de sustancias que desconcierta a la ciencia. 

Uno de sus venenos es la pinnatoxina, neurotoxina que tiene una potencia devastadora. “Cuando las inyectas en ratones, mueren muy rápidamente, en 15 minutos. Es casi como la toxina de la saxitoxina, con una potencia muy alta”, explica Hess. Sin embargo, esta sustancia no afecta la salud humana al ingerirla. 

Playa de Cienfuegos, Cuba.

El verdadero problema reside en un segundo grupo de toxinas producidas por el mismo organismo: las portiminas. A diferencia de las anteriores, afectan a las personas por exposición directa. Hess relata incidentes dramáticos: en 2015, jóvenes en Cienfuegos, Cuba, sufrieron infecciones cutáneas tras bañarse en un florecimiento de estas algas. En 2020, el escenario fue Senegal, donde pescadores artesanales desarrollaron ampollas y lesiones graves al manipular sus redes.

“Aunque no era un problema de seguridad alimentaria, era un problema de disponibilidad alimentaria. Si no puedes ir a pescar, no puedes vender el pez ni alimentar a tu familia”, comentó el científico, destacando cómo estos eventos tienen efectos sociales y económicos.

Viaja en barco y se alimenta del clima

En el marco de la vigésimo primera Conferencia Internacional sobre Algas Nocivas (ICHA 2025) celebrada en Punta Arenas, Hess conversó sobre cómo estos organismos “tropicales” están llegando a zonas templadas. La razón es doble: el tráfico marítimo global y el cambio climático.

Pescadores y vendedores de pescado en una playa de Dakar. Foto: SenegalImagen Sadak Souici Le Pictorium.

Los barcos transportan microorganismos en sus aguas de lastre, mezclando microbiológicamente el globo desde hace décadas. Sin embargo, antes, un organismo del Mar del Sur de China no sobrevivía al llegar a las costas de Francia. Hoy, con océanos más cálidos, la historia es otra. “Vemos que los organismos se están desplazando del sur hacia el norte”, comenta Hess, citando también el caso de la Ostreopsis, que provoca ataques de asma y lesiones oculares a través del aerosol marino, afectando incluso a quienes ni siquiera entran al agua.

La carrera contra lo desconocido

Lo más inquietante es lo que aún no vemos. Aunque la ciencia ha descrito unas 5.000 especies de microalgas, tecnologías recientes estiman que existen cerca de 100.000. Estamos ante una biodiversidad 20 veces mayor de lo que conocemos, en un planeta que cambia a una velocidad que supera los ciclos naturales del pasado.

“Siempre nos quedamos un poco detrás de la naturaleza”, admite Hess con honestidad científica. Por ello, su trabajo se centra ahora en sistemas de prevención y observación integrados que permitan anticipar estos eventos biológicos extremos, y que existen en países como Nueva Zelanda o Francia. “Anticipamos que con el cambio climático, los eventos biológicos extremos también se multiplicarán. Sabemos que necesitamos prepararnos como sociedad para un cambio rápido en las comunidades microalgas. Intentamos aumentar la conciencia con los gobiernos, las agencias financieras, la sociedad en general, que es algo que va a ser un problema creciente, así que buena suerte para todos”, concluyó.

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