La investigadora Doris Oliva presentó en Punta Arenas estudios de Floraciones Algales Nocivas en las costas chilenas, que abarcan los últimos 60 años. Los resultados aportan, al menos, dos grandes revelaciones: la zona austral es el epicentro de la crisis, y los daños que provoca el veneno en los mejillones es tal, que las personas dedicadas a cultivarlos deberían seguir protocolos que contemplen este factor, para la sostenibilidad de su actividad económica.

Los ojos de la comunidad científica están puestos sobre un fenómeno que acecha, silenciosamente, la economía y la salud de Chile: las Floraciones Algales Nocivas (FAN), conocidas popularmente como “marea roja”. Según organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el cambio climático y el aumento de la temperatura superficial del mar están alterando los patrones de estas floraciones a nivel global.
Cientos de especialistas en este tema se concentraron en la XXI edición de la Conferencia Internacional sobre Algas Nocivas (ICHA 2025) celebrada en Punta Arenas, donde la destacada bióloga marina Doris Oliva Ekelund, académica de la Universidad de Valparaíso recientemente galardonada con el Premio Honor in Scientia Marina 2024, presentó una radiografía histórica y experimental, que revela la evolución de este fenómeno: de ser un evento esporádico, a una presencia constante y preocupante en el litoral chileno.
El proyecto, financiado por el Fondo de Investigación Pesquera (FIPA), busca que la ciencia no se quede sólo en los laboratorios, sino que también llegue a los muelles.
Concentración geográfica al sur
La investigación de la profesora Oliva, basada en una revisión de 65 años (1956-2021), muestra una tendencia clara: los eventos de “marea roja” han crecido de forma exponencial. Si bien en las décadas de los 50 y 60 los registros eran anecdóticos, el siglo XXI ha traído una frecuencia alarmante. El punto crítico se alcanzó en 2016, año en que se registró el máximo histórico documentado, con 46 eventos individuales.

Aunque Oliva advierte que este incremento se debe, en parte, a que hoy existen muchos más monitoreos y tecnología para detectarlas que hace medio siglo, la realidad geográfica es innegable, y la zona sur austral de Chile es el epicentro de la crisis: Aysén concentra el 41.1% de los eventos; Los Lagos, el 30.1%, y Magallanes —donde se descubrieron estos eventos originalmente— el 20.7%.
La concentración geográfica de estos eventos no es casualidad. Oliva explica que las condiciones ambientales de la zona juegan un papel crucial. Una de las más determinantes es la salinidad en los fiordos y canales, la cual baja en años con pocas lluvias, por el descenso en el aporte de agua dulce de los ríos al mar. Esto crea el ambiente perfecto para que especies como Alexandrium catenella, multipliquen sus poblaciones de forma explosiva.

Pero los estudios experimentales de la especialista han ido más allá de los impactos humanos. Doris Oliva también se preguntó qué es lo que le pasa al mejillón chileno o chorito (Mytilus chilensis) cuando es envenenado por estas toxinas.
También la pasa mal
Tradicionalmente, la preocupación por las FAN se ha centrado en si el molusco era apto o no para el consumo humano, debido a la acumulación de veneno paralizante de los mariscos (VPM). Sin embargo, Oliva demostró que el chorito también “la pasa mal”.
Al exponer a los ejemplares a la microalga Alexandrium catenella, identificó un aumento drástico de la Saxitoxina, una potente neurotoxina que, al quinto día de exposición, hizo subir los niveles desde cero hasta 50.97 µg por cada 100 gramos de carne. Como consecuencia, los órganos y tejidos de estos bivalvos, sufrieron daños directos. “Hay una afectación en la inmunología”, comentó Oliva. “Esto significa que, aunque el chorito sobreviva a la marea roja, su salud general se deteriora, crece más lento y pierde calidad comercial, lo que supone un golpe doble para los pequeños y grandes cultivadores”.

Para un cultivador de choritos, entender estos ciclos es vital. “Si tienes un chorito con marea roja, tienes que esperar a que se recupere para cosechar”, enfatizó Oliva. El estudio permite identificar qué especies de algas son realmente peligrosas y cuáles no, ayudando a los productores a tomar decisiones informadas sobre cuándo detener sus faenas, y cómo proteger la salud de sus cultivos en un océano que, año tras año, se vuelve más impredecible.
