La presión que se ejerce sobre las turberas al sur de Chile, no sólo amenaza su capacidad de capturar carbono, sino que también conlleva un riesgo económico significativo, pues su extracción sin un manejo adecuado puede resultar en la degradación del ecosistema. Ante este problema, el INIA ha trabajado entre 2010 y 2022 en la creación de herramientas, para prevenir estos efectos negativos.
En el contexto del Field Trip IMCG 2025, el encuentro científico que reunió en la región de Magallanes a expertos en turberas provenientes de 15 países, la experiencia local del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Kampenaike se convirtió en un eje central de la discusión acerca de este recurso, ampliamente utilizado en horticultura, y exportado desde el sur de Chile. Sólo en 2024, nuestro país hizo envíos valorados en US$24,2 millones a Asia y Estados Unidos, como sustrato orgánico para agricultura y jardinería.
En su intervención, el investigador Erwin Domínguez Díaz sintetizó una línea de investigación iniciada en 2010, y financiada inicialmente por el Gobierno Regional de Magallanes. “Mi presentación básicamente consistió en dar a conocer el trabajo que INIA, a través del Ministerio de Agricultura, hizo del 2010 hasta el 2022”, explicó, destacando que estos estudios permitieron desarrollar una de las primeras caracterizaciones sistemáticas de las turberas en el extremo sur de Chile.
El investigador evidenció una conclusión técnica tan cruda como necesaria: en el ecosistema de las turberas, la restauración es un proceso incierto y costoso, lo que sitúa a las buenas prácticas de manejo como la única vía real hacia la sostenibilidad.

El caso de San Juan: un diagnóstico de 40 años
La turbera de San Juan, ubicada 60 km al sur de Punta Arenas, sirvió como uno de los laboratorios naturales más reveladores durante el recorrido científico. Este sitio ha sido explotado durante las últimas cuatro décadas, utilizando técnicas de extracción similares a las europeas, y los resultados actuales son una señal de alerta para la comunidad científica. Según el diagnóstico presentado, lo que solía ser una turbera dominada por el musgo Sphagnum (pompón), ha mutado radicalmente.
Hoy, los ensambles vegetales han cambiado hacia especies leñosas y, a pesar de que persiste la humedad subsuperficial, el ecosistema no ha vuelto a su estado original. La escala temporal de recuperación es tan extensa, que la ciencia advierte que este tipo de turberas “ya no vuelve atrás” de manera natural. En este contexto, el INIA mantuvo ensayos de restauración ecológica durante cuatro años en San Juan, logrando resultados prometedores que, lamentablemente, se perdieron a causa del incendio ocurrido en 2016.
Posteriormente, la investigación fue replicada en Aysén incorporando nuevas metodologías. “Allá se nos ocurrió reemplazar ese plástico por una fibra biodegradable”, explicó el investigador, refiriéndose al uso de mantas de fibra de coco para estabilizar el musgo durante los procesos de restauración, una alternativa que buscaba reducir el uso de mallas plásticas utilizadas originalmente para enfrentar los fuertes vientos patagónicos.
La inviabilidad económica de “arreglar” el ecosistema
La investigación del INIA sostiene que restaurar estos humedales es infinitamente más caro que conservarlos en buen estado y, desde una perspectiva productiva, no es rentable. “Si vas a cosechar musgo, hazlo de forma responsable, trata de dejar algo, no cortes todo, porque si no, no vuelve musgo, y lo que vuelve es pasto, y el pasto no tiene valor”.
El riesgo de una cosecha irresponsable no es sólo la pérdida de biodiversidad, sino la degradación económica del recurso. Si se corta el musgo sin dejar una base que permita su regeneración, el terreno es colonizado por pastos que carecen del valor ecológico y comercial del Sphagnum. Por ello, el foco del INIA entre 2010 y 2022 ha sido generar herramientas que prevengan este escenario, como el Manual de buenas prácticas para el uso sostenido del musgo Sphagnum magellanicum en Magallanes, Chile.
Según explicó Domínguez, “ese libro permitió desarrollar la normativa de buenas prácticas para tratar de regularizar la cosecha de musgo en Chile”. Este proceso culminó con la promulgación del Decreto Supremo Nº 25 del Ministerio de Agricultura, que reconoce el musgo como un recurso que debe ser administrado de manera sustentable.

Un sumidero de carbono bajo amenaza
Las turberas patagónicas se han convertido en uno de los ecosistemas más observados por la ciencia internacional, pues estos ecosistemas cumplen un rol clave en la regulación climática y la biodiversidad del sur del planeta. Funcionan como gigantescos sumideros de carbono, y si se degradan por una mala gestión o por factores como el drenaje y la erosión, pueden convertirse en emisores de gases de efecto invernadero. Por ello, la importancia de estas buenas prácticas trasciende la economía local.
Para Domínguez, participar en este simposio junto a investigadores de naciones como Escocia, Canadá y Nueva Zelanda ha permitido validar que el camino tomado por el INIA es el correcto. La ciencia local no sólo aporta datos, sino que busca educar a la comunidad y a los tomadores de decisiones sobre la urgencia de proteger la integridad de estos paisajes únicos. A su juicio, “la conclusión básica es que es muy caro restaurar, y por eso es mejor hacer las cosas bien desde un principio”.


