Una delegación internacional recorrió Magallanes para conocer el estado de estos ecosistemas, fundamentales para regular el clima, almacenar enormes cantidades de carbono, reservar y filtrar agua dulce, mitigar inundaciones y sequías, y albergar una biodiversidad única. Al cabo del encuentro, decidieron elaborar una declaración para hablar del estado del arte y aportar recomendaciones para su sostenibilidad.

 

Entre el 1 y el 9 de diciembre, Magallanes fue sede del Field Trip IMCG 2025, un extenso recorrido científico que convocó a especialistas provenientes de Alemania, Países Bajos, Inglaterra, Canadá, Argentina y otros países, integrantes del International Mire Conservation Group (IMCG), red mundial dedicada desde hace más de 30 años a la protección y restauración de turberas. 

El itinerario —que incluyó Punta Arenas, Reserva Nacional Magallanes, Parque Karukinka y Seno Obstrucción— fue organizado por el Instituto de la Patagonia de la Universidad de Magallanes (UMAG), con el apoyo de una amplia articulación compuesta por Wildlife Conservation Society (WCS) Chile, ONG Planeta Agua, Cape Horn International Center (CHIC), Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTF), Instituto Milenio BASE, Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y la Reserva Nacional Magallanes a cargo de CONAF.

Grupo internacional en Punta Arenas
Dra. Claudia Mansilla

La agenda del simposio combinó presentaciones, caminatas científicas, observación de paisajes, visitas a turberas prístinas y a sitios degradados, además de espacios de intercambio técnico. Las actividades en terreno se desarrollaron en Karukinka, la turbera de San Juan, los humedales de Puerto del Hambre y el área de extracción de musgo pompón en Seno Obstrucción. Todo culminó con un encuentro en Punta Arenas, donde realizaron diversas presentaciones, y redactaron una declaración oficial que sintetiza observaciones, aprendizajes y recomendaciones.

Según la Dra. Claudia Mansilla Andrade, académica e investigadora de la UMAG, el balance del Field Trip IMCG 2025 fue positivo, tanto por los aprendizajes compartidos como por las proyecciones de trabajo conjunto. El encuentro permitió establecer y fortalecer vínculos directos con especialistas internacionales, con quienes ya se proyectan trabajos colaborativos a corto plazo.

Turberas prístinas, turberas degradadas 

El Dr. Roy MacKenzie, investigador del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), explicó que el recorrido comenzó con WCS en Parque Karukinka (Tierra del Fuego), donde el énfasis estuvo en turberas bien conservadas y en las amenazas derivadas del castor. Allí, el grupo pudo observar no solo la magnitud del paisaje subantártico, sino también las experiencias acumuladas por WCS en estrategias experimentales de manejo. 

Dr. Roy MacKenzie

Según MacKenzie, los especialistas internacionales valoraron especialmente el acceso a turberas prístinas, un escenario que muchos de ellos nunca habían visto en sus propias regiones, donde las turberas históricas mutaron a agroecosistemas tras siglos de drenaje. La visita permitió, además, conocer historias locales de gestión, y recorrer el paisaje estepario–boscoso a través de un sendero que ofreció una comprensión integrada de estos ecosistemas.

En una segunda etapa, el objetivo fue observar las primeras amenazas a las turberas que abastecen de agua a la comuna de Punta Arenas, particularmente en la Reserva Nacional Magallanes. Allí, el equipo conoció el impacto que produce el ingreso no autorizado de vehículos. “Con la erosión que generan en el suelo, generan canales de drenaje que hacen que las turberas pierdan el agua y se sequen más rápido”. Esa pérdida hídrica, añade, aumenta la vulnerabilidad frente a incendios forestales, que en estos ecosistemas se comportan como incendios subterráneos de turba difíciles de controlar.

El viaje incluyó también la turbera de San Juan, donde investigadores del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) mostraron más de una década de monitoreo, en un sitio explotado hace 40 años con técnicas similares a las usadas en Europa. El diagnóstico es claro, pues según dice, “antes solía ser una turbera de esfagno (o musgo de turba), ya no lo es”. Los ensambles vegetales cambiaron hacia especies leñosas y “ese tipo de turbera ya no vuelve atrás”. Aunque la humedad subsuperficial persiste, la escala temporal de recuperación es tan extensa, que quienes comienzan procesos de restauración no alcanzan a ver los resultados.

Seno Obstrucción

Por último, la visita del grupo en Seno Obstrucción representó la tercera escala de este diagnóstico– permitió analizar en terreno la extracción de musgo pompón por parte de la comunidad. La extracción continua de musgo resulta una señal crítica sobre la necesidad de fortalecer medidas que prevengan mayores degradaciones, por lo cual MacKenzie valoró la reciente Ley de Protección de Turberas, que prohibió la extracción de turba. Sin embargo, advirtió que los permisos previos continúan vigentes y que solo en San Juan la faena se extenderá dos décadas más. 

Mirada internacional

El cierre del simposio contempló la elaboración de una declaración internacional, que recoge conclusiones sobre tres escenarios: turberas prístinas, turberas en explotación detenida y turberas sometidas a extracción de pompón. El objetivo fue “marcar prioridades”, y orientar estrategias que permitan enfrentar los efectos del cambio climático, considerando que estos ecosistemas pueden ser sumideros de carbono o emisores de gases de efecto invernadero, según su estado de conservación.

Marte Fandrem

La investigadora noruega Marte Fandrem, estudiante de doctorado en NTNU y especialista en musgos de turbera del género Sphagnum, describió la declaración que trabaja el grupo como un instrumento para “reconocer lo que hemos visto durante nuestra estancia, tanto lo bueno como lo malo”. Su objetivo es ofrecer una interpretación conjunta, elaborada por representantes de 15 países, que pueda circular hacia entidades de decisión, comunidades locales y organizaciones interesadas.

Fandrem destacó la “gran impresión por los vastos paisajes naturales” de Magallanes, caracterizados por una integridad poco común a nivel global. También aludió a los desafíos observados, particularmente la invasión de castores en el sur de Tierra del Fuego. Subrayó que los impactos diferencian bosques y turberas, lo que exige enfoques de manejo distintos. En algunos casos, la remoción de una presa puede favorecer el bosque pero afectar negativamente turberas ya adaptadas a un nuevo nivel de agua.

Las experiencias compartidas por los investigadores europeos muestran un contraste: mientras en el hemisferio norte gran parte de las turberas fueron degradadas y hoy se destinan enormes recursos a rehumectarlas, en Magallanes aún es posible prevenir esos escenarios. “Restaurar este tipo de ecosistemas es infinitamente más caro que conservarlos en buen estado”, recalcó MacKenzie.

Visita a terreno en Última Esperanza.

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