Investigación presentada en el Simposio Ciencias de la Tierra en Áreas Protegidas advierte que el retroceso actual del glaciar Grey no tiene precedentes recientes, y se vincula directamente al cambio climático antropogénico, es decir, causado por la humanidad.
La Patagonia es un sitio privilegiado a nivel mundial para estudiar la dinámica de los glaciares y el cambio climático, debido a su ubicación y a la excelente conservación de sus registros geológicos. Al mismo tiempo, es uno de los sectores del planeta en donde estas masas de hielo retroceden con mayor velocidad.
Este tipo de constataciones se hicieron en el reciente Simposio Ciencias de la Tierra en Áreas Protegidas, organizado por la Universidad de Magallanes (UMAG), la Corporación Nacional Forestal (CONAF) y el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC). El geógrafo e investigador del CHIC, Rodrigo L. Soteres, profundizó en uno de los sistemas glaciares más emblemáticos de la Patagonia austral, durante su presentación denominada “El glaciar Grey, en el Campo de Hielo Patagónico Sur, fue más grande que en la actualidad durante la mayor parte de los últimos 120.000 años”.

Soteres forma parte, además, de diversos equipos de investigación nacionales e internacionales dedicados al estudio de la geomorfología glaciar y la paleoclimatología en Patagonia y otras cordilleras del planeta. En esta experiencia, trabaja con un equipo formado por Esteban Sagredo de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), Allie Balter-Kennedy de Tufts University y Joerg Schaefer de Columbia University.
El grupo se propuso identificar en el registro geológico un período climático comparable, que permitiera observar cómo reaccionaron los glaciares patagónicos a períodos cálidos extremos del pasado. “Una de las ideas del trabajo era ver si logramos encontrar un período climático similar al período actual, pero en el pasado. Así tenemos un análogo de cómo responden los glaciares ante eventos cálidos extremos”.
Radiación cósmica como reloj geológico
La investigación desarrollada en Grey, utilizó una metodología considerada novedosa en el estudio de glaciares. “Sacamos muestras de roca muy cercanas al frente del glaciar, para medir un isótopo que solamente aparece cuando esa roca está expuesta a la superficie. Entonces, si hay ese isótopo, significa que esa zona en el pasado tuvo que estar descubierta”. Este elemento es el berilio-10.

Pero antes, ¿qué es un isótopo? Una variación en los átomos de un elemento químico. ¿Qué es un isótopo cosmogénico? Un elemento que se forma en la superficie terrestre o en la atmósfera, por la interacción de partículas cósmicas con átomos de otros elementos de la Tierra. “Hay algunos que tienen aplicaciones en geología, como, por ejemplo, el berilio 10, que se forma cuando los rayos cosmogénicos impactan sobre átomos de oxígeno. También tienes cierta radiación cósmica que golpea las rocas, que se llama secundaria. Y como hay algunas rocas que también tienen oxígeno, pues ese oxígeno se transforma o deriva en berilio 10, que es el que nosotros medimos”, comentó Soteres.
¿Cómo se hacen las mediciones? Extrayendo muestras de roca que son procesadas químicamente hasta obtener hidróxido de berilio, que luego se envía a un acelerador de partículas en Estados Unidos, donde se cuantifica la concentración del isótopo. “Al final, partimos de un kilo de roca y terminamos con, no sé, dos miligramos”, explicó.
Resultados hasta ahora
El investigador precisó que el equipo ha trabajado en una reconstrucción del comportamiento del glaciar Grey durante los últimos 12.000 años, lo que permitirá estimar con mayor precisión la pérdida progresiva de superficie glaciar en ese período.
Los análisis preliminares indican que el glaciar Grey se encuentra actualmente en un período de mínimo que sería comparable a eventos climáticos extremadamente cálidos ocurridos durante el último interglacial, hace aproximadamente entre 120.000 y 130.000 años. “La conclusión es que el glaciar Grey está en una posición muy retraída, promovida básicamente por el cambio climático antropogénico”, afirmó el investigador.

Su participación en el simposio fue previa a la publicación del artículo en una revista científica, donde se darán a conocer los resultados con mayor detalle. Sin embargo, con lo que ya sabemos, podemos confirmar que Magallanes es un laboratorio natural clave para comprender los efectos del calentamiento global, no sólo en el presente, sino también a la luz de los procesos climáticos que han modelado el paisaje austral durante miles de años.
