Un nuevo enfoque para la conservación surge desde los canales patagónicos y el pensamiento indígena: las contribuciones recíprocas proponen una ética relacional entre las comunidades y la naturaleza, en diálogo con saberes ancestrales y científicos. El Dr. Jaime Ojeda Villarroel investigador de la Universidad de Magallanes que desarrolla su labor en el Centro Subantártico Cabo de Hornos, es parte de este grupo de científicos y científicas que defiende la pertinencia de esta perspectiva.

 

En un contexto marcado por la crisis ecológica global, un grupo de investigadores e investigadoras ha planteado una transformación profunda en la forma en que las sociedades se relacionan con la naturaleza. Desde una mirada crítica a los marcos dominantes de conservación, su propuesta gira en torno al concepto de contribuciones recíprocas, un enfoque que cuestiona la visión unidireccional de la naturaleza como simple proveedora de servicios y que propone, en cambio, una ética de corresponsabilidad entre seres humanos y territorios.

Jaime Ojeda Villarroel, investigador de la Universidad de Magallanes (UMAG) doctorado en Estudios Ambientales, es parte de este grupo de trabajo. El biólogo marino de profesión, expuso esta perspectiva en la reciente Conferencia Internacional del Cape Horn International Center (CHIC), dentro del Panel “Pluralidad de Saberes Ecológicos y Conservación Biocultural” abierto a la comunidad de Puerto Williams. 

“Esta visión de moneda de cambio con la naturaleza ha contribuido a la crisis climática y de biodiversidad, pero también a una crisis menos visible: la de los valores que sustentan nuestra conexión con el entorno”, advierte Ojeda en una reciente columna de opinión publicada por un medio nacional. Frente a ello, los investigadores proponen una comprensión más compleja de las relaciones socio-ecológicas, inspirada en cosmovisiones indígenas y saberes locales.

La reciprocidad situada

El estudio se realizó en dos localidades del norte de la Patagonia chilena, donde las prácticas bioculturales encarnan contribuciones recíprocas: la isla Apiao en el archipiélago de Quinchao (Chiloé) en la región de Los Lagos, y la isla Ascensión en el pequeño archipiélago de las Guaitecas en la región de Aysén.

El trabajo desarrollado por las y los investigadores junto a comunidades del sur de Chile, fue publicado en la revista People and Nature con el título de “Aportes recíprocos: Perspectivas y voces indígenas sobre experiencias marino-costeras en los canales del norte de la Patagonia, Chile”. Este artículo rescata prácticas ancestrales, como los corralitos de pirenes en la Isla Apiao y la restauración bentónica mediante el traslado de piures en Melinka. Ambas experiencias constituyen ejemplos de contribuciones recíprocas: acciones que benefician simultáneamente a los ecosistemas y a las comunidades que los habitan.

“Este trabajo viene a revisitar como valor la reciprocidad, para entender estas relaciones que pueden ser circulares (…) Es necesario situarla. No todos entendemos la reciprocidad de la misma forma”, explica el académico. Su enfoque no es meramente simbólico. En Apiao, los corralitos son estructuras de piedra construidas en zonas intermareales que permiten a los peces depositar sus huevos, generando un hábitat propicio que, a la vez, sostiene el consumo humano bajo protocolos culturales de respeto y equilibrio. En Melinka, buzos organizados reintroducen piures en zonas degradadas por la sobreexplotación del loco, una especie clave en la economía pesquera de las últimas décadas. Estas acciones restaurativas, si bien no siempre reconocidas por las políticas públicas, revelan una sofisticada gestión ecológica comunitaria.

(a) Pirenes (huevos) y Pilles o Coldes (pez de roca) dentro de una cesta utilizada para mariscos ( Llolle ). b) «Corralito de Pirenes» en el estuario de la isla de Apiao. (c) Pirenes (huevos) debajo de una roca. (d) Pille o Colde ( Patagonotothen spp.). Las imágenes fueron tomadas por Pedro Jara y Paula Barros.

Conocimiento ecológico indígena y ECMPO

(a) Ferdinand, un joven baka, recolecta setas del bosque para compartir (región sur, Camerún) © Simon Hoyte; b) Las pastoras ordeñan yaks (Khangai soum, provincia de Arkhangai, Mongolia) © Zsolt Molnár; (c) Un árbol se refleja en el yoco en un plato para servir (comunidad Siekopai Remolino, Río Aguarico, Ecuador) © Joel E. Correia; (d) Paula Barros en un corralito de pirén (Isla Apiao, Chile). Corralitos de pirenes implica modificar el área intermareal de islas más pequeñas, agregando pequeños montículos de rocas que albergan biodiversidad y permiten la reproducción de un pequeño pez llamado pille ( Patagonotothen spp.) al servir como hábitat protegido para sus huevos ( pirenes ) © Ricardo Alvarez Abel; e) Un loko i’a (estanque de peces) en Waimānalo, O’ahu © Jonathan Fisk; (f) Jhony Constante, guardabosques comunitario recolecta selectivamente semillas de tagua (Salanguillo, Ecuador) © Gabriela Loayza; (g) Un hombre masái recolecta estiércol de elefante ( Loxodonda africana ) para uso medicinal, lo que ilustra el mutualismo etnobiológico inherente a la coexistencia entre humanos y vida silvestre, incluso en medio de conflictos (Distrito de Monduli, Tanzania) © Elicia Bell; (h) El pescador artesanal Luis Levil limpia una merluza austral (Estrecho de Magallanes, Patagonia, Chile). Después de completar las operaciones de pesca, los despojos del pescado son descartados y consumidos por varias especies de aves marinas © Katrina Pyne; (i) La pesca cooperativa entre pescadores artesanales y delfines nariz de botella de Lahile salvajes se basa en la comprensión mutua de las señales de comportamiento y la sincronía de alimentación que garantiza el éxito de la pesca para ambas partes (Laguna, sur de Brasil; Cantor et al., 2023 ) © Fabio G. Daura-Jorge; (j) Spencer Greening en una exitosa cacería de cabras montesas en el territorio Gitga’at © Adam Foss.

Tres meses después de publicado el artículo recién mencionado, la revista publicó otro trabajo de este grupo. Se denomina “Las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza desde la perspectiva de la reciprocidad: perspectivas de los sistemas de conocimiento indígenas y locales”. Aquí también destacan que estas prácticas se sustentan en una ética biocultural profunda, donde se integran dimensiones ecológicas, ontológicas y cosmogónicas. Como señala uno de los textos, “estas interacciones crean bucles de retroalimentación positiva que benefician tanto a las personas como a la naturaleza, de forma directa o indirecta, a diferentes escalas”.

Este enfoque se opone a las lógicas extractivistas que han guiado la gestión marina en Chile, caracterizadas por la privatización de especies y la exclusión de comunidades indígenas del acceso a los bienes comunes. De hecho, la figura legal de los Espacios Costeros Marinos para Pueblos Originarios (ECMPO) —creada para reconocer estos usos tradicionales— enfrenta importantes barreras administrativas, lo que revela el trasfondo político de estas disputas.

“La perspectiva política tiene que ver con que estas prácticas culturales, como los corralitos de pesca, son huellas de pueblos originarios. Hoy pueden ser herramientas legales, pero muchas de esas solicitudes están detenidas. Hay una burocracia, un retraso”, apunta Ojeda.

La resistencia desde el sur: reciprocidad como principio transformador

Tanto en sus publicaciones científicas como en espacios de divulgación, el Dr. Ojeda ha defendido que las contribuciones recíprocas no deben ser vistas como anécdotas ni como prácticas “romantizadas”, sino como verdaderos indicadores de gestión socio-ecológica. “Mejor escuchemos, aprendamos y entendamos las motivaciones que pueden enriquecer el bienestar personal y ecológico a distintas escalas”, propone en su columna.

Las fases descritas ilustran cómo las contribuciones recíprocas pueden mejorar las interacciones con otras especies costeras. (1) La construcción de Corralitos en playas sobreexplotadas implica el uso de guijarros y rocas para crear estructuras tridimensionales. (2) Estas agregaciones de rocas atraen peces roca como los pilles (Patagonotothen spp.), que comienzan a poner sus huevos (pirenes) allí. (3) Gradualmente, la estructura se convierte en un hábitat para una variedad de otras especies (por ejemplo, Nycticorax nycticorax, Mytilus chilensis, Ulva spp.), activando así la biodiversidad intermareal.

El número especial de People and Nature donde fue publicado uno de estos artículos subraya que “la reciprocidad —y en particular las contribuciones recíprocas entre personas y naturaleza— emerge como una propiedad de los sistemas socioecológicos” con capacidad de transformar no sólo nuestras políticas ambientales, sino también los fundamentos culturales y éticos que las sustentan.

Al poner en diálogo los conocimientos indígenas con marcos académicos, las investigaciones impulsadas por Ojeda y sus colegas no sólo documentan prácticas situadas de conservación biocultural, sino que ofrecen un marco teórico-político para repensar nuestra relación con el entorno. Que estas propuestas emerjan desde el sur del mundo, desde territorios como la Patagonia insular y canales australes, es también una forma de descentralizar los discursos y abrir caminos hacia una conservación más justa, plural y relacional.

Los bosques de macroalgas sustentan la vida submarina, incluidas las economías pesqueras artesanales en la Patagonia.

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