Los resultados de la investigación realizada por la Universidad de Magallanes y el Instituto de Fomento Pesquero, plantean la necesidad de priorizar la funcionalidad del ecosistema como elemento clave para mejorar la gestión en Áreas Marinas Protegidas.
Magallanes tiene muchos patrimonios gastronómicos asociados a la economía. Uno de ellos es el ostión del sur (Austrochlamys natans), el único miembro sobreviviente de su tribu en el Océano Austral. Este molusco bivalvo, de textura suave y gran sabor, ha sido fundamental para la pesca artesanal regional durante más de 50 años, especialmente, debido a su alto valor comercial en el mercado de exportación.
El 90% de su explotación pesquera en Magallanes, se concentra en Parry, bahía situada dentro del Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos Seno Almirantazgo, en la Isla Grande de Tierra del Fuego. En este ecosistema único, influenciado por la interacción de aguas glaciares provenientes de la imponente Cordillera Darwin, así como sedimentos y nutrientes, los ostiones viven en condición de especie relicta, cumpliendo un rol clave en la dinámica de los ecosistemas proglaciares de la región, pues almacenan carbono y nitrógeno; ofrecen refugio y alimento a numerosas especies, y regulan la calidad del agua mediante la filtración de partículas suspendidas.

Un estudio sobre los bancos de ostiones y sus comunidades bentónicas en dicha bahía, realizado por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y la Universidad de Magallanes (UMAG), señala que, según estudios previos de la literatura, esta especie enfrenta sobreexplotación pesquera y presiones ambientales que aumentan su vulnerabilidad, dejando en evidencia la necesidad urgente de implementar medidas de conservación. Además, se destaca que “esta situación se agrava por las altas tasas de mortalidad en sus primeras etapas de vida, lo que complica aún más su recuperación y estabilidad poblacional”.

Esta investigación es parte de la práctica profesional realizada en el IFOP, por la egresada de Biología Marina y asistente de investigación del Laboratorio de Ecología Funcional (LEF) de la UMAG, Taryn Sepúlveda Cifuentes, quien además es becaria ANID y estudiante del Magíster en Ciencias mención Manejo y Conservación de Recursos Naturales en Ambientes Subantárticos, de la misma institución.
Su trabajo, denominado “Biodiversidad y aspectos ecológicos de la macrofauna bentónica de los bancos de ostión del sur en Bahía Parry: implicancias en su manejo y conservación (2021), sirvió de base para realizar nuevos análisis con otros enfoques metodológicos, todo lo cual se convirtió en una publicación en la revista “Regional Studies in Marine Science”. El artículo se titula “Functional traits and ecosystem implications in the Multiple Use Marine Protected Area Almirantazgo Sound: A baseline study of scallop banks and benthic communities”, y lo firman Taryn Sepúlveda; los investigadores Claudia Andrade y Cristóbal Rivera (LEF); Erik Daza, Eduardo Almonacid y Cristian Vargas (IFOP), y Cristian Aldea, del Departamento de Ciencias y Recursos Naturales de la Facultad de Ciencias, y del Centro de Investigación Gaia-Antártica, ambos de la UMAG.
Exploración funcional en ecosistema proglacial
Las y los investigadores llevaron a cabo su trabajo de campo entre el 9 y el 16 de diciembre de 2021, a través de muestreos en bancos de Austrochlamys natans situados a profundidades de entre 4 y 14 metros. Las muestras de flora y fauna bentónica fueron recolectadas manualmente mediante cuadrantes de 1×1 metro, dispuestos a intervalos regulares. Este enfoque permitió registrar de manera sistemática la diversidad presente en el área de estudio.
El enfoque metodológico se fundamentó en antecedentes que sugerían la posibilidad de fragmentaciones entre los bancos debido a la presión pesquera. Ante esta incertidumbre, cada banco fue tratado como una unidad separada, permitiendo un nivel de detalle que facilita el diseño de estrategias de manejo específicas. Este riguroso protocolo de investigación no sólo documentó las especies presentes, sino que estableció una línea base fundamental para el monitoreo y la gestión adaptativa de este ecosistema único.
Posteriormente, las muestras fueron almacenadas a temperaturas bajo cero para garantizar su preservación. En el LEF del Instituto de la Patagonia, se llevó a cabo un minucioso proceso de identificación taxonómica, sobre la base del Registro Mundial de Especies Marinas (WORMS). Además, se analizaron nueve rasgos funcionales de las especies presentes, relacionados con aspectos como alimentación, movimiento y modos reproductivos. Estos atributos proporcionaron información clave sobre la interacción de las especies con su entorno y su contribución al funcionamiento del ecosistema.
Principales hallazgos
El trabajo, respaldado por diversos proyectos de investigación y financiado por instituciones nacionales como el IFOP, la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) y el proyecto del Consorcio de Universidades del Estado de Chile, RISUE MAG RED 21992, marca un hito en la comprensión de los ecosistemas marinos subantárticos y su papel frente a los desafíos del cambio climático.

Según el análisis de las especies que habitan estos bancos, existe una baja diversidad funcional dentro de estas comunidades, un rasgo que, aunque fortalece la resiliencia al depender de especies con funciones similares, también las hace más sensibles a la pérdida de especies clave, es decir, de los ostiones y los pulpos. En otras palabras, la pérdida de estas especies, vulnerables a la sobreexplotación y los cambios ambientales, podría comprometer el funcionamiento ecológico del ecosistema.
Otro de los aspectos destacados por los científicos fue la escasez de depredadores móviles, como el caracol Trophon geversianus y el pulpo rojo gigante (Enteroctopus megalocyathus), cuyas funciones son críticas para mantener la estructura y funcionalidad del ecosistema. Estas especies enfrentan amenazas debido a la sobreexplotación histórica y la falta de regulaciones efectivas, lo que podría desestabilizar el delicado equilibrio de la comunidad bentónica.
La investigación también alertó sobre la presión pesquera que afecta a los bancos de A. natans, con niveles de explotación que exceden en un 8% el valor de referencia sostenible. “La conservación de especies únicas y especializadas debe ser una prioridad en la planificación de estas áreas protegidas”, concluyeron los autores.
Proyecciones: una gestión funcional del ecosistema
Este estudio recomienda un manejo que proteja tanto la biodiversidad como la funcionalidad del ecosistema. Para ello, estableció una línea base que sirve para el monitoreo de largo plazo de las comunidades bentónicas de bahía Parry, y aporta valiosa información para fortalecer la gestión sostenible en el Seno Almirantazgo.
¿Cómo realizar esta gestión? El equipo científico enfatizó la necesidad de estrategias adaptativas, que incorporen tanto la diversidad funcional como los impactos del cambio climático. Para ello, es importante prestar especial atención a las especies funcionalmente únicas, y protegerlas para garantizar la resiliencia ante amenazas como la sobrepesca y otros impactos humanos.
Además, se subrayó la urgencia de implementar regulaciones más estrictas; fomentar prácticas pesqueras responsables, y promover la participación comunitaria en la conservación de este frágil ecosistema.
